jueves, 1 de noviembre de 2012


Nadie sabía que ya estaban todos muertos desde mucho tiempo atrás.-
         Y seguían creyéndose vivos, se pensaban que aun seguían rigiendo los destinos y el futuro de su propia ciudad como si solo fuera cosa de tiempo el salir del pozo.  Acostumbrados a vivir encerrados en sí mismos,  confundiendo individualismo con insolidaridad, se desatendieron de su entorno en el lugar donde residían, explotando el paisaje y esquilmándolo hasta un punto de no retorno. Lo que para ellos solo fue ocasión de negocio fue la causa de su muerte en vida como población y sociedad. Ahora ya solo eran menos de la mitad de los que residían en el lugar y no captaron que con un pequeño paquete de votos foráneos se decantaba el resultado hacia donde conviniera.
    

 Nadie vio ni quiso ver la tormenta, porque no hay peor ciego que el tuerto que se tapa el ojo sano, y fue inútil alertar sobre que las cosas estaban inmaduras o fuera de lugar; solo importaba desbrozar monte urbanizando todo a la vez sin pensar en la necesidad del barbecho como terapia de descanso para no perder fertilidad; era fácil suponer que tras saturar el territorio de casas venía el relleno de personas al venderlas y ocuparlas –más o menos temporales o efímeros- y se les creía inversores o turistas cuando realmente fueron un postizo en censo añadido de jubilados, emigrantes, y… poco más.   La ciudad de Puertas Abiertas, que buscaba Turistas y Visitantes para medrar de ellos, se convirtió en la ciudad donde todos eran forasteros y no se reconocían entre sí.

La confusión, desorden y precipitación, en lo que ellos creían progreso y desarrollo les  cambió formas de vida y subordinó intereses al altar inmobiliario todo esfuerzo laboral y ocupacional, matando de raíz cualquier otra opción o salida de vida.
  Al calor del negocio llegaron oportunistas y aficionados, junto a buscavidas de todo tipo, en busca de tajada y…lo lograron. Hicieron caja y se fueron. Aquí quedó las migajas con el amontonamiento de casas y gente, el cerramiento de vistas y horizontes - el físico de paisaje y el de expectativas en futuro personal-   y , sobre todo eso, el caos organizativo porque nadie estimaba que era prioridad poner el carro siempre detrás de los bueyes, las labores previas a todo objetivo y sembrando solo cuando el terreno estaba preparado de antemano.   Empezamos la casa por el tejado e hicimos ciudad solo a base de crear calles y direcciones de trafico, sin nada más.
   Nadie supo salir de la vorágine inmobiliaria y especulativa de tener únicamente al suelo como fuente de riqueza en su traspaso y transformación especulativa. Todos creyeron posible que hubiera Vacaciones todo el año para vivir de ello como si la obligación general de la humanidad es salir de casa a enriquecer los sitios de playa.
   Solo el cartón piedra se estableció como explotación económica posterior, sin que de este menguado pastel posterior quede ración alguna para ser probada por los viejos vecinos que, hoy por hoy ,solo son muertos vivientes en su propia ciudad, zombis sin saberlo y luchando por obtener peonadas, sin acertar con sus salidas en iniciativas empresariales que les son hurtadas y asfixiadas por monopolios cuasi feudales.
  Somos todos Arqueología pura, sin interés siquiera para nosotros mismos, incapaces de explotar propios recursos porque nos los han vendido y malbaratado.

Morir de éxito es en realidad un hispánico eufemismo de fracaso por imprevisión tras una fiebre exponencial de euforia al verse en crecimiento expansivo. Es final de toda flor de un día cuando se yerra en objetivos y planes; cuando se busca inconscientemente Pan para hoy y Hambre para mañana, o se abarca más de lo que se puede, o cuando se mete uno en oportunista negocio que es ajeno a su cualificación o preparación personal, compitiendo todos por lo mismo y actuando a la vez sobre el mismo filón o veta. Resumo: esto s’acabao porque nunca fue a ninguna parte y nadie usa neuronas para salir del pozo qu’está agotao.
Ciudades perdidas.- 
Hay quien cree que es cosa de la antigüedad y no del presente pero todo puede desaparecer  como sucedía en aquella magnifica película "La Leyenda de la Ciudad sin nombre" de 1969.
 Siempre me viene a la memoria cuando rememoro lo sucedido en la Oropesa del XXI y pienso en la evolución más desfavorable posible cuando se decante la realidad a que estamos avocados. No existe la eternidad para las cosas humanas ni perdura en el tiempo nada de nuestros sueños.
  Varados en la playa de pensar siempre en dedicar fiestas a vecinos y visitantes, como sempiterno slogan oficial en simplismo local que realmente antepone la dependencia y el agasajo a los de fuera antes que su propia supervivencia anual y residencial, pensando en que esa es la solución y modo de vida local.
   El Melting-pot o puchero de olla cultural, el crisol de razas que nos vendieron como lógica natural evolutiva de la humanidad no ha sido tal y como se preveia: un mestizaje de asimilación integrador y enriquecedor. Es como lo de la deslocalización y el mercado global : un caramelo envenenado. Creamos puestos de trabajo e importamos mano de obra, duplicamos censo y desaparecemos los que estábamos de antaño, pasando a la cola junto a todos los que, por lógica e imperiosa necesidad, nos adelantan en requerir ayudas y subvenciones. Dotaciones y recursos sobrepasados apenas cubren lo imprescindible y ahora...pintan bastos por el exceso manirroto de las finanzas públicas. Solo nos queda pagar y pagar, por nosotros y por los demás.
  Las imaginativas respuestas al punto muerto que observo solo pasan por sortear rifas de hipotecas y coches olvidando que la nueva vecindad, que hemos creado en este amasijo de calles y casas, por su edad, entre otras razones visibles como la de no ser activa laboralmente en su mayoría, está más cerca del gasto en consumo de servicios y prestaciones que del gasto productivo  inversor en dinero circulante como fluido revitalizador de una economía local "por todo el año".  
Nunca habrá solución de futuro si solo se piensa en Vacaciones y Servicios estacionales de ocio, creando un puchero recaudatorio de inmuebles para mayor gasto en consumo improductivo comunal. Aquí solo gana quien cobra tributos e igualas de obligado pago.
  En fin, que estamos en fecha de difuntos y hay que dar un recuerdo a nuestros antepasados. De la tontería del Jalogüin (Halloween) que es banal moda como aquella de bautizar niños con nombres de telenovela hablaré otro día porque lo que deprime es el importar tradiciones de otra cultura, por mimetismo simplón, dándole barniz laico a las nuestras, que ya existían de antiguo y así se convierten en insustanciales cuentos de disfraces, brujas y terror ligth, para gozo de madres paseando sus niños tan monamente vestidos,  lo que siempre fue cosa de ánimas y difuntos en sentido trascendente y respetuoso hacia ellos, para algunos con creencia en la otra vida para otros con recuerdo cariñoso en su memoria.












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