domingo, 2 de diciembre de 2012


Táctica y Estrategia local ciudadana: el Arte de no ir a ninguna parte
   Si uno rebusca el significado de las palabras táctica y estrategia para diferenciarlas entre sí, apenas sacará otra conclusión que la del regate corto y la jugada en largo, ambas buscando gol pensando en ganar la Liga. Según diccionario Táctica es: Procedimiento que se sigue o método que se emplea para conseguir un fin determinado o ejecutar algo, mientras que Estrategia es: Modo o sistema de dirigir un asunto para lograr un fin. 




Vemos que, releyendo esas definiciones, ambas tienen una cosa en común. Las dos buscan conseguir, lograr un fin. Y el fin, o la finalidad, de una acción se llama Objetivo. Los trabajos para conseguir un objetivo se logran ejecutando un Plan y para ello es necesario Planificar, Prever, proveer, provisionar, sentar bases, anticipar, dirigir, corregir, encauzar, canalizar, dotar y… motivar, fomentar, entusiasmar, alentar, apoyar, mantener, perseverar, etc. etc. Es trabajo permanente de integrar y sumar, de responsabilizar y vincular a la gente con el objetivo, labor de conjunto y de años, de ideas y de equipo más que de genialidades o aventuras en experimentos. Mala cosa de conseguir en un mundo encerrado en individualismo insolidario, como es corriente en nuestra vecindad, si los únicos que piensan en futuro solo buscan solares para construir.

Los objetivos pueden ser parciales, sucesivos, escalonados, finales e intermedios o complementarios, variables o irrenunciables, alcanzables o inalcanzables e incluso superfluos, pero sobre todo deben ser creíbles, posibles y acertados o atinados, por no hablar de que deben responder a un modelo buscado y deseado como mejora social y beneficio sociológico. Sin Objetivos cumplidos no hay resultados permanentes y durables.
    Si no hay otro objetivo de ciudad, social y económico, que mendigar por el extramundo el que venga gente de fuera, a comprar y gastar su dinero, solo por la cara bonita de ser destino turístico que es algo así como esperar el maná del cielo ¡Apaga y vámonos!

    Claro que moda, modo y modelo son palabras, que no cosas, parecidas. Sus bondades y beneficios no siempre coincidentes, no siempre positivos y perdurables como para tenerlos por lógica evolución natural de progreso. Uno se marea tratando de encontrar respuestas a la pregunta simple: ¿A dónde vamos? ¿Qué buscamos? ¿Qué estamos logrando? ¿Es eso lo que realmente queremos? ¿Lo queremos Todos o solo algunos? ¿Es este el único futuro posible? ¿Es futuro o especulación?...

Mutación social o error socializado.-
Cuando se optó por crear un mundo urbano en oposición a un mundo rural que ya existía , se adoptó una forma de vida y una sociología distinta a la que había. El error consistió en hacerlas incompatibles con toda otra opción en forma de vida. Destruido todo a golpe de hormigón y plusvalías nos deslizamos al monocultivo y, después, monopolio de unos pocos y bien está que no existe la autarquía en ninguna parte pero de ahí a poner todos los huevos en la misma cesta y entre hundirse por no poder vivir todo el año de lo que uno produce por sí y para sí mismo, a esperar a que vengan de fuera inyectando dinero, hay muchas opciones descuidadas y abandonadas.   
     El paso de pueblo a Ciudad se planteó como simple cuestión de número de vecinos censados. Nada de reflexionar sobre lo que diferencia a una urbe de un poblacho o campo de concentración laboral. Llegar a 10.000 solo puso de relieve que seguíamos siendo pueblo pero con más gente de la que se podía asimilar, integrar, atender, dar o buscar trabajo o medio de actividad laboral. Éramos, somos, un simple campamento de fuerza laboral para construir casas y así hoy hay más casas que ciudad.
   Exactamente las hay en doble número que personas de habitantes.
    El análisis previo decía que éramos un municipio turístico confundiendo las cosas entre los ciudadanos y se realizó un Plan de Excelencia turístico de pago  que embarullaba el verdadero objetivo deseable para crear bases de una ciudad desviándolo al solo fin económico de solucionar la cuestión de la estacionalidad de temporada.
   Nunca nació nada nuevo ni diferente pero se mató lo que había dejando el barbecho como realidad presente.

   De braceros y jornaleros, propietarios y aparceros, nos mutamos en albañiles y peones, dependientes y laborales, camareros, funcionarios y subcontratistas. Algunos en lugar de capitanear la industria del turismo naciente se entregaron al sueño de la Promoción y Venta... inmobiliaria, muchos no pasaron siquiera de la sola intermediación comisionista en transacciones de suelo. Pluriempleo que por mostrarse más rentable y boyante que el oficio propio, se convirtió en modus vivendi general donde todos quisieron meter cuchara. Vino multitud de foráneos a tirar de veta y...hoy hay una bolsa de necesidad social, y de empleo precario en ayuda del paro, como nunca la hubo y que malcasa con la California-Las Vegas en que algunos pensaban que estarían por siempre jamás.
    La vida rural tenía su estacionalidad, discontinuidad y riesgo de malograrse cosechas o hundirse los precios, pero...se ganaba más limpiando apartamentos que trabajando en la cooperativa agrícola y el esfuerzo físico parecía menos incomodo en una economía urbana de aluvión que por lo demás tan solo era un empujón de verano. Era tan agradable dejarse llevar por la temporada de verano y su fuente de ingresos que nadie pensaba en eso de que el año tiene 12 meses. ¡Con hacer el Agosto sobraba tiempo y dinero!

Modelo de Ciudad mal planteado de salida: objetivo banal, erróneo o equivocado.-
Confundiendo turismo con venta inmobiliaria se quiso llamar turista o visitante a quien solo era residente de temporada vacacional; Nos conformamos con Hacerle el Agosto al veraneo que- recordemos- empezó con la temporada mensual de todo el Verano en casi 3 meses anuales, que pronto fue quincena de algunos meses -no todos- y los puentes vacacionales. Nadie pensó que ante todo se debía plantear un modelo urbano y social de ciudad residencial atrayente para vivir todo el año de un dinamismo propio e intersectorial en la viabilidad de actividades económicas  posibles.
       El modelo Benidorm fue acariciado con envidia como paradigma turístico y el pie por donde cojeaba todo era la afluencia masiva, rotante y continua de gente flotante, cosa que por aquí estaba estancada en una especie de ciudad-dormitorio de verano, con los llenos de buen tiempo y llegada masiva de propietarios a sus apartamentos que no evolucionaba a nada parecido ni con autopista ni con trenes desde Madrid y se empezó a formar el mito de auto venderse la burra por la vía de buscar turistas en ferias y muestrarios extranjeros, soñando en atasco en las Aduanas de embarque de los aeropuertos.
¿Qué ofrecemos? Lo mismo de antes, pero deteriorado por sobre-desarrollo -léase amontonamiento de casas y vacio de gente- ¿qué vendemos? lo mismo de siempre pero en menos número y cada vez un mayor stock sobrante inmovilizado. ¿Qué hacemos? No lo sé porque veo pasar los años con un calendario de festejos y eventos lúdicos sobresaturado mientras la presión fiscal me ahoga sin que se pueda escapar de la maldición de ver que no vamos a ninguna parte donde refugiarse en una vejez atendida y asistida.
Sic Transit Gloria mundi

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