lunes, 8 de octubre de 2012


De Hidalgos, Villanos e Hideputas.- La Orpesa Sanchopancesca
No hay palabra mal dicha si no fuese mal entendida, dice el refranero y la riqueza del vocabulario español permite significados diferentes o contrapuestos para una misma expresión verbal.  Entiéndaseme como se quiera, allá cada cual con sus entendederas, porque lo que afirmo, con mucho cuidado de no señalar a nadie personalmente, es el juicio que me merece la realidad tal y como la percibo dolorosamente.
Tengo yo como situación errada, y de difícil solución por andar obcecados en persistir en ello, a la anodina vida anual ciudadana de Oropesa. Andamos siempre suspirando por lo que no hay, soñando con el maná del forastero inversor o paganini que nos rente todo el año con un simple esfuerzo laboral de temporada. Quejosos siempre con bobalicón lamento por lo que echamos en falta y suspiro justificativo de lo inevitable en esperar que nos hagan las cosas desde arriba o quedarse sin nada porque no hay nada donde agarrarse, en color y calor civil, que vivifique al orpesí medio integrándolo en una comunidad con vida propia.
 Carencia grotesca de la que nunca saldremos mientras predomine la generalizada respuesta sanchopancesca a un estado de cosas que serían fácilmente corregibles o perfectibles, porque tan solo se sostienen por la incuria vecinal en no cambiar ya que es incapaz de crear, encauzar y dirigir, su propia vida social y comunal de otra forma. Y eso a pesar de que contamos con finanzas locales más que abultadas y sobradas, que no parecen destinarse a otro fin que su consumo sistematico en coyunturas y eventos.
-Lo has hecho demasiado largo para mí- se suele decir cuando no acaba de entenderse lo que nos dicen sobre algo. Es corriente abreviar en refrán o conseja lo dicho para simplificarlo: de donde no hay no se puede sacar, pero si se quiere sacar algo de algún sitio es imprescindible primero saber que hay que meter buena simiente.
¿Qué estamos sembrando en el futuro orpesí?  Exactamente lo que recogemos ahora: un año tras otro, recargado de fiestas que consisten mayoritaria o esencialmente en eventos musicales y botellones al aire libre. Adolescentes casi impúberes suspiran imitar a sus mayores por alquilar un almacén como sitio donde retozar y refocilar, in private o Club Privée,  las fiestas de Octubre porque las hemos convertido en eso, la ensoñación juvenil de una priva colectiva.
  No contentos con ello institucionalizamos como festejo en un mismo punto la barahúnda, hasta casi las 6 de la madrugada, de tres empresas seudo discotequeras junto a las casetas de tapeo hostelero. Eso sí, a pleno volumen después del baile oficial para no molestarse entre ellos (los festeros) que se contra programan, pues tal parece que no importa a nadie el resto, solo hay que molestar a los residentes –algunos disimulan, otros se ausentan, o cínicamente simulan aparentar comprensión y gozar con ello - que ven malbaratada su vida, tenidos y aturdidos como putas por rastrojo en su propia morada, durante cerca de una decena de noches seguidas.
  Andamos por la quincena de festejos en Octubre sin ruborizarnos en gastos y fastos solo por aquello de considerar la escalada en aumento como una meta de perfección. Taza y media si no quieres caldo. Metemos en programa una semana añadida, que se llamó cultural en su día y que hoy apenas es simple campeonato de guiñote en un bar, solo para tenerla liada tres fines de semana porque parecen faltar fechas disponibles para tanta tradición.  
   Creamos las casetas, se dice, para evitar las molestias en la población sin conseguir erradicar la molicie autóctona que gusta de aislarse en los casales y peñas, a veces salpicando las calles de algún exceso y solo conseguimos el peregrinaje callejero vocinglero desde ellas hasta un centro concentrado de ruido generalizado, que abre al aire libre hasta el amanecer, basado en el consumo responsable de alcohol ¿?.
  Lugar campamental en descampado incontrolado e incapaz siquiera de coordinarse entre ellos, moderando y atenuando volumen, ni siquiera de hacer volver al buen redil del grupo  a esa barraca disidente en donde un despendolado obseso de los decibelios, que compite deslealmente con el resto,  domina sonoramente el cotarro. Espacio  pomposamente llamado Recinto Ferial donde acude la contorná de forasteros, ansiosos de hacer un remedo de una ruta bakalao a costa de Oropesa.   
   Es pensamiento de hideputas, más que de villanos, pedirte paciencia o aconsejarte que te vayas de tu propia casa esos días, justificándose encima con una sonrisa de sorna. El Argumento es de antología del disparate, basándose en que en todas partes pasa igual y  que es como si fuera fiesta oficial porque se introduce en programa; Así que todo ello te obliga a que debes transigir con el tener y sostener la demencia de ese estar insomne ocho noches seguidas, torturado  en tu casa con ese volumen de ruido hasta las 6 de la mañana, siendo que en su final están presentes en la zona poco más que solo los agentes de la autoridad, sumándose con la plantilla de camatas y clientela de cuatro boniatos de mariachis del DJ.
     Hoy he contado al cierre de las 0545, entre agentes policiales y personal de limpieza municipal, más gente que el aforo clientelar de la zona a horas de la última copa. Y el baldeo de maquinaria ha seguido hasta pasadas las 0700 ¿De qué va esto?
Lo quijotesco del asunto.- Condenado a no recibir nunca respuesta ni solución, no hay razón para callar. No queda gracia ni arte en el tintero como para sacarle virtud ni provecho a las desventuras del asunto. Nada hay de quijotesco en mi crítica ni nada tiene de cómico lo de este grotesco sainete musical de tocar pelotas mortificando orejas, que no llega a opereta bufa por quedarse en astracanada o chabacanería.  Nadie quiere poner orden y concierto, educando a la ciudadanía en saber diferenciar netamente La Fiesta de una transgresión sin sentido.
  Repugna la soledad y desamparo en que quedamos los pecheros viendo como prevalece la satisfacción de unos pocos individuos descentrados por el vapor del alboroto auto inducido en sus vidas.
  No hay modelo social a seguir y se imita lo chusco en todas partes.- Las elementales normas de convivencia, respeto y cortesía social, se maman en el seno de una sociedad adulta y formada, cuyo poso educativo descansa en el ejemplo de sus mayores y la excelencia de sus mejores.  Lamentablemente el signo de los tiempos es el buscar un igualitarismo de todos por el bajo nivel y la deserción moral de quienes debían corregir y formar estilo cívico pues andan en derrota frente a la mayoría bullanguera y asilvestrada.    
  No hay mucho en lo que apoyarse para corregir el gusto por el exceso como expresión popular de festejo patronal, máxime cuando todo se auspicia desde la misma autoridad consistorial con el consentimiento de todos sus representantes pues no hay grupo político que muestre la mínima sensibilidad hacia los vecinos de la zona que ya les han hecho llegar su desagrado por escrito; No hay esperanza de obtener modificación alguna que permita a esos vecinos el recuperar su derecho al descanso y a la intimidad domiciliar vulnerado por este anómalo castigo; ni como sentimiento de orgullo quedan hoy los hidalgos como tales por obsolescencia del concepto y del título, los villanos que medievalmente eran simplemente los lugareños de una Villa han derivado en palabro peyorativo para calificar a los malvados del cine y a los toscos lugareños.
     Lo otro, lo de hideputa, es subjetivo, puede ser bueno o malo según y cómo se diga. Al buen callar llaman Sancho no es mal consejo en muchas ocasiones pero en estos temas yo me siento hideputa por decir solitariamente en público lo que nadie parece compartir en queja, pues creo firmemente que para mejorar Oropesa hay que reconducir el modelo de fiesta a algo más ponderado, mesurado y participativo, menos molesto y más creativo, que el simple aturdimiento noctívago del botellón o el reparto gratuito de vituallas. 
-¡Oh hideputa, bellaco, y cómo es católico!-Decía  Sancho Panza en el Quijote cervantino al tomar un vino por parecerle en extremo bueno y agradable, pero recriminado por decir tan gruesas palabras -respondió Sancho- que confieso que conozco que no es deshonra llamar hijo de puta a nadie, cuando cae debajo del entendimiento de alabarle

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