domingo, 3 de marzo de 2013

Vivir bajo fraude permanente


Gato por liebre, caballo por vacuno: Chorizada general y global
Decía mi padre refiriéndose al embutido de origen desconocido “Carne en calceta para el que la meta” y que se la coma el que sepa de que carne está metida dentro de lo embutido pues es que el fraude en la elaboración de “artesanías” viene de antiguo. Pero mi padre, que no confiaba ni creía siquiera en los congelados, poco podía adivinar hasta donde llegaríamos con esto de la industrialización de los alimentos y el comecocos de Bajo en sal, bajo en caloría, sin colesterol, sin azúcar ni sal ni...toda la mentira comercial alimentaria actual para seducir madres incautas e inquietas por la alimentación de sus niños, mujeres y hombres obsesos con la línea o la salud, por no hablar de los incapaces de sustentarse cocinando su propia manduca más allá de calentar en el microondas lo que sea, pero envasado.
      Ver una estanteria alimentaria de productos ligth y con toda suerte de Omega-tres, productos des-semi-o sin- , es de despiste-trampa para quien busca simplemente leche. No hay mejor disfraz que las etiquetas de los envases.
  Una vez, cierta señora leía la etiqueta de unas magdalenas delante de mi y preguntaba a la cajera si sería bueno eso de la fibra que tenían para sus cosas intestinales...me quede con ganas de decirle que con una fabada tendría suficiente viento y fibra para regular sus tripas de una sola vez por todas. 
    Ahora resulta que hay hamburguesas y precocinados “de Marca” con todos los supuestos controles fitosanitarios en donde aparece el caballo entre las vacas y terneras como treta de engaño rentable – por desmedido afán de lucro, suponemos- más que de fraude sanitario, porque al paso que llevamos esto de la inmoralidad mercantil sin freno, sirviendo solo al crecimiento expansivo, es para sorprendernos con inventos comestibles que dejan en broma eso del chistoso dar gato por liebre y el comer rata por conejo, o chuleta de perro por cordero.
     Lo de tomar pastillas y pasta dentífrica como comida  en plan astronauta se va a quedar corto en el futuro puesto que, ahora mismo, comer algo natural por más que se publicite como Casero y Tradicional. Cosa que es un imposible metafísico porque todo ya va unido a los ahora ya inseparables Sabores y Aromas artificiales añadidos, Conservantes y Colorantes autorizados llamados en etiquetado por siglas E, lo que fuera del aceite, vinagre y sal de toda la vida es de suponer que ni Dios conoce si verdaderamente hay limón detrás de eso del E-330, que es nombre del acido cítrico escrito en las latas y conservas.
    Química y negocio van de la mano del timo con el marketing publicitario buscando subir cuentas de resultados y levantar monopolios de distribución e intermediación alimentaria, que van desde la producción acelerada y forzada con sus pesticidas, la recogida en verde de productos inmaduros tras una selección de solo piezas con buena vista, que son lavadas y puestas en envases conservantes con plásticos y nombres divertidos tipo PET que en valenciano excuso decir su significado (ya ni la tripa natural sirve de calceta pues se emplea el colágeno o la poliamida entre otras linduras artificiales) , al transporte de productos “fuera de temporada”, importados desde donde sea, para servir al abasto de mercados,  pasando por aquello de reventar precios por no hablar de la descomunal hinchazón de carestía entre el productor y el comprador final.
    Recuerdo aquello dramático del aceite de Colza y su envenenamiento masivo del año 1981 en España, con su numerosa secuela de muertos y afectados. Síndrome Tóxico se le llamó sin explicarse realmente otra cosa más que los síntomas de la enfermedad y, como todo lo que mortifica por su recuerdo, está desconocido y olvidado por la cruel costumbre social de atender solo lo que el periódico se nos dice que es noticia de ayer mismo.  
    Es tema resuelto judicialmente pero, como casi todo lo que se deja en manos de juristas y leguleyos, es tema del que nunca sabremos a ciencia cierta si se han enterado de lo que se juzgaba o que era lo que se quería averiguar entre miles de folios y declaraciones; aun hoy parece Asunto sin esclarecer ni entender, entre otras cosas por aquello de la opacidad inherente a todo proceso de supuesta adulteración alimentaria cuando entra en juego toda una cadena de intereses económicos además de todo un monipodio de gente manipulando, adulterando, negociando, intermediando y lucrándose con todo lo que se mueve comercialmente.
De los políticos mejor ni hablar.- Como siempre, donde entra un dictamen pericial siempre aparece otro que afirma lo contrario y, cuando aparece un político por medio, el tema se queda sin aclarar de por vida además de convertirse en broma o insulto a la inteligencia «Es un bichito tan pequeño que si se cae se mata».
  Esta, pasmosa afirmación intelectualmente desternillante por no llorar de pena, fue frase explicativa del entonces ministro de Sanidad, Jesús Sancho Rof, atribuyendo en un primer momento la causa de la intoxicación a un microorganismo lo que refleja el despiste demagogo de quien solo busca quitarse pulgas ante la opinión pública y publicada.
   Opinión que quiere resultados de solución inmediatos sin interesarle realmente el saber causas ni origen del problema con tal que le sirvan alguna cabeza de testaferro y pronto. Es algo así como aquello de noticiar un atentado terrorista mañanero ya en telediario del mediodía pero con las fotos en perfil, con número de ficha policial, de los presuntos-supuestos autores tranquilizando a la opinión pública como si el mal fuera menor por estar ya en vía de próxima detención los autores (Siempre me dije, entre dubitativo y perplejo, que si se sabe tan pronto quiénes son los autores de un criminal acto, que están fugados en ignorado paradero desde ese momento, hay que presuponer que quizá se podría haber evitado deteniéndoles antes de hacerlo)
  Hoy en día hay todavía quien duda que la causa real de aquella intoxicación fuera el aceite –importado, por ser más barato que el de oliva- que se le llamó desnaturalizado (por echarle unas gotitas de color químico) y que se naturalizó artificialmente (quitándole el color) para ser así desviado nuevamente al consumo humano y…, de todo lo que se dijo entonces apenas hay recuerdo social ni reproche ni proposito de la enmienda , porque tras ello llegó lo de las vacas locas (1986-2007)- por darles a las vacas herbívoras comida con restos cárnicos mezclados-, lo del Clembuterol para dopar deportistas y para engorde de ganado, la gripe aviar (2004-2006), lo de la guerra de los pepinos del 2011 y pimientos (2006)  por no se sabe que “medicamento agrícola” en química añadida.
    Por sacar ganancia se corrige a la Naturaleza  haciendo Transgénico o mutante al alimento por las semillas, lo que lleva bajo sospecha mucho tiempo y la gente sigue creyendo más en la publicidad que en lo que intuye, sospecha o entrevé, acerca de lo que come. Esto es como lo de pintar de negro la pezuña al cerdo polaco para darle pasaporte ibérico.  Por ahí cerca de aquí hay ciudades con problemas de agua potable por el arrastre de herbicidas a los pozos que suministran sus depósitos.
      Nos la dan siempre con queso: Ahora se habla de que los quesos de pura leche de cabra llevan más leche de vaca que caprina. Entre cabritos anda el juego aunque se nos haya dicho siempre que con las cosas de comer no se juega

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