
Cualquier
tendero de antaño sabe que el negocio consiste en lo que queda después de
restar Gastos de Ingresos y separar parte del beneficio para atender a
impuestos y mermas o reposiciones de mercadería. Cualquier político de pelaje medio habla de
“retorno económico” vendiendo su genialidad
invento/evento como beneficio generalizado del común mientras disimula su
intención de hacer las cuentas al viejo modo ·”socializar las perdidas y
privatizar/municipalizar las ganancias” que es lo que pasa cuando sin reparar en gastos se
dispara festivamente con pólvora del rey.
Las cuentas político-periodísticas en promoción-propaganda dejan en chiste a
las del Gran Capitán- aquellas de entre
picos, palas y azadones: cien millones;
Uno
dice que hacer tal “necesario” edificio
supone ahorrarse la municipalidad alquileres obviando que el coste de la obra ya
equivale a medio siglo de alquileres y quita del mercado esa fuente de ingresos detrayendola del flujo de posibles negocios en la localidad cuando no directamente se le suplanta a los propios vecinos por competir en arriendos a los particulares como en ese mercado municipal que constituye
un local de alquiler para una mercantil privada dando renta al arrendador comunal ( sin animo de lucro, por supuesto); Otro que tal festival ·dinamiza” el comercio
local y nos pasa a gastos comunales (pagados por todos) lo que repercutirá en
molestias para todos y migajas para pocos (si es que las hay). Aquel construye tal instalación y por su
explotación la externaliza para cobrar un Canon (otra genialidad: uno paga como contribuyente vía impuestos la obra y
vía ticket el uso de la obra). El flujo siempre acaba y empieza en ellos mismos como monopolio de soviet con poder sobre vidas y haciendas.
La
trampa está en no computar por gastos las horas extra y recursos desviados de
su tarea o función para atender los caprichos del calendario Pan y Circo con el
que se riega el jardín de votos. Eso
sí, la cabra-burro-moto se vende con el anzuelo de los puestos de trabajo anunciados,
creados directos e indirectos, que como el Guadiana aparecen, desaparecen y
nunca permanecen.
Si algo
asquea, por insulto a la inteligencia, es presumir alardeando de sobrante y seguir empeñándose
en gastar como nuevos ricos las cuatro ideas chicha nabo que se tienen pero sin
aflojar el cinturón de los que soportan (y
costean) esta sinrazón de inutilidades que no revierten en nada beneficioso
más que para el ego de quienes identifican Gestión con Gastos y Ahorro o
Inversión con Venta de humo. Así nos va.
Cien millones de ducados
en picos, palas y azadones para enterrar a los muertos del enemigo. Ciento
cincuenta mil ducados en frailes, monjas y pobres, para que rogasen a Dios por
las almas de los soldados del rey caídos en combate. Cien mil ducados en guantes
perfumados, para preservar a las tropas del hedor de los cadáveres del enemigo.
Ciento sesenta mil ducados para reponer y arreglar las campanas destruidas de
tanto repicar a victoria. Finalmente, por la paciencia al haber escuchado estas
pequeñeces del rey, que pide cuentas a quien le ha regalado un reino, cien
millones de ducados.

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