domingo, 23 de noviembre de 2014

Trampas en el solitario


  Cualquier tendero de antaño sabe que el negocio consiste en lo que queda después de restar Gastos de Ingresos y separar parte del beneficio para atender a impuestos y mermas o reposiciones de mercadería. Cualquier político de pelaje medio habla de “retorno económico” vendiendo su genialidad invento/evento como beneficio generalizado del común mientras disimula su intención de hacer las cuentas al viejo modo ·”socializar las perdidas y privatizar/municipalizar las ganancias” que es lo que pasa cuando sin reparar en gastos se dispara festivamente con pólvora del rey. Las cuentas político-periodísticas en promoción-propaganda dejan en chiste a las del Gran Capitán- aquellas de entre picos, palas y azadones: cien millones;

Uno dice que hacer tal “necesario” edificio supone ahorrarse la municipalidad alquileres obviando que el coste de la obra ya equivale a medio siglo de alquileres y quita del mercado esa fuente de ingresos detrayendola del flujo de posibles negocios en la localidad cuando no directamente se le suplanta a los propios vecinos por competir en arriendos a los particulares como en ese mercado municipal que constituye un local de alquiler  para una mercantil privada dando renta al arrendador comunal ( sin animo de lucro, por supuesto); Otro que tal festival ·dinamiza” el comercio local y nos pasa a gastos comunales (pagados por todos) lo que repercutirá en molestias para todos y migajas para pocos (si es que las hay). Aquel construye tal instalación y por su explotación la externaliza para cobrar un Canon (otra genialidad: uno paga como contribuyente vía impuestos la obra y vía ticket el uso de la obra). El flujo siempre acaba y empieza en ellos mismos como monopolio de soviet con poder sobre vidas y haciendas.
    La trampa está en no computar por gastos las horas extra y recursos desviados de su tarea o función para atender los caprichos del calendario Pan y Circo con el que se riega el jardín de votos. Eso sí, la cabra-burro-moto se vende con el anzuelo de los puestos de trabajo anunciados, creados directos e indirectos, que como el Guadiana aparecen, desaparecen y nunca permanecen.  


Si algo asquea, por insulto a la inteligencia, es presumir alardeando de sobrante y seguir empeñándose en gastar como nuevos ricos las cuatro ideas chicha nabo que se tienen pero sin aflojar el cinturón de los que soportan (y costean) esta sinrazón de inutilidades que no revierten en nada beneficioso más que para el ego de quienes identifican Gestión con Gastos y Ahorro o Inversión con Venta de humo. Así nos va.   


Cien millones de ducados en picos, palas y azadones para enterrar a los muertos del enemigo. Ciento cincuenta mil ducados en frailes, monjas y pobres, para que rogasen a Dios por las almas de los soldados del rey caídos en combate. Cien mil ducados en guantes perfumados, para preservar a las tropas del hedor de los cadáveres del enemigo. Ciento sesenta mil ducados para reponer y arreglar las campanas destruidas de tanto repicar a victoria. Finalmente, por la paciencia al haber escuchado estas pequeñeces del rey, que pide cuentas a quien le ha regalado un reino, cien millones de ducados.

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