Así nos va con lo que hay.- Hay veces que
pienso que es imposible el darse la prevaricación en algunos lugares porque
siempre falta el imprescindible requisito de “a sabiendas” en todo lo que se
hace, pues ese a sabiendas es algo como lo del valor en la mili, que siempre se
le supone a quien no lo ha demostrado por más que evidencie pocas trazas
naturales de ello.
En realidad lo
más que se puede reprochar al submundo oficial en su trajinar más parece eso de
deambular burocráticamente bajo el lema “ni lo sé, ni me importa” pues anda muy
afanado en sus prioridades, esto es, sin
entender ni atender a todo lo que no sea
las grandes líneas de progreso y futuro que los tiempos nos marcan…y es que para la maquinaria –nuestras pequeñas cosas y miserables cuitas o problemas- son los efectos
colaterales del elefante en la cacharrería. Daños que además de inadvertidos
por el animal, son involuntarios, no buscados por el amo de la criatura y son
tan solo reprochables a la culpa del cacharrero que no deja suficiente espacio en
su local para moverse elefantes entre sus cacharros. Todos por más poder que tengamos somos efímeros y acabamos de paria alguna vez, cuando se mueve el escalafón, y nos igualan en el montón de humanos que es la masa de súbditos.
Falta calor humano que quite espinas en esta
rosaleda-aglomerado de casas donde algunos no somos, ni nunca fuimos, turistas,
pues la sensación térmica es que para nuestro entramado gestor político-funcionarial
todos les somos forasteros (algo peor que visitantes) pero eso quizá es pedir
demasiado para quienes piensan que corregir un desaguisado suyo es “arreglarte
lo tuyo”. Son incorregibles en su tenaz juego de convertir al pulpo en animal
de compañía si quieres seguir en la partida. Cuando la cuerda se rompe son dos
los extremos que se separan y desunen entre sí.
De quinielas y cotilleos.- Me preguntaba un
convecino mi opinión sobre qué pasará en las próximas elecciones. Tenía la ilusa candidez de quien espera un futuro esperando al premio rasca-rasca de la
papeleta electoral porque aun cree en
esta coyunda cuatrienal del tejemaneje de votos que se llevan quienes mandan,
quienes aspiran a mandar y quienes solo tienen ese venenillo de la política
metida en vena quizá para algunos con sana intención redentora. Respondí que ni
lo sabía ni me importaba porque tengo claro de que, ocurra lo que ocurra, gane
quien gane, nada de lo que me importa y
me afecta será atendido ni entendido en busca de soluciones.
Esto del estado del bienestar les resulta más gratuito a unos que a otros y el juego trilero de bajar impuestos a plazos para subirlos ipso facto después es algo que suena dejà vu o ya te ví que es eso de me suena de haberlo visto antes.
Esto del estado del bienestar les resulta más gratuito a unos que a otros y el juego trilero de bajar impuestos a plazos para subirlos ipso facto después es algo que suena dejà vu o ya te ví que es eso de me suena de haberlo visto antes.
Mientras las
mayorías se formen con los que van aunque sean ellos menos que los que se
quedan en casa y mientras la ilustración
del personal no les haga revisar las conexiones corazón-cerebro para
coordinarlas con las lecturas de la realidad que dan los ojos, seguiremos
estando en manos de quienes piensan que un kgr. de hierro pesa más que un kgr.
de papel por muchos estudios científicos que afirmen que un kilo es un kilo de
peso.
El Tiempo de los tiempos.- Antes era
costumbre mirar por la ventana para saber que tiempo hacía. Era cosa de abrigo
o paraguas y salir a la faena como todos los días. Se hablaba del tiempo para
matar el tiempo y romper el hielo, nos pitorreábamos del meteorólogo que se
apostó – y perdió- el bigote por culpa de la contumaz sequía y el anticiclón de
las Azores que se combatía a fuerza de inaugurar pantanos y echarle rogativas a
la Virgen de la Cueva.
Nada sabíamos fuera de temporales y tempestades algo más que existían las tormentas, las riadas y los vendavales, que son imprevisibles aunque se barruntan además del calendario zaragozano por indicios naturales observando señales en el cielo o mirándole la capucha del fraile en el higrómetro de cartón puesto en el balcón. Ahora lo del clima es acongojante, de acollonar científicamente, sin salir de casa pues como dice el telediario “estaremos muy pendientes”: que si ciclogénesis explosiva (manda güevos con el adjetivo) , que si la gota fría ( de la malaya ni hablo) que si la alerta amarilla (de viento no de orientales) la bandera roja (de playa que no de revolucionarios), las olas de no sé cuantos metros sobre un nivel del mar en sube y baja (hay boniatos que van a verlas para jugar al manga riega que aquí no llega) riesgo de aludes para quienes gustan de ir a la nieve, y por supuesto la DGT que no pudiendo hablar de radares (perdón, de velocidad) aprovecha sus consejos “por nuestra seguridad”. Por si faltaba algo a los incendios y asfixias del brasero ahora se añade el drama de la “pobreza energética” en algunos hogares lo que sumado al cambio climático y a las desaladoras junto a calentamiento global, efecto invernadero y esos intríngulis del protocolo de Kioto sobre contaminación industrial… pues como que prefiero hablar como antes de si la granizada afecta a la cosecha de patatas y de aquellas avionetas misteriosas que bombardeaban nubes gibando lluvias y perjudicando al melonar.
Nada sabíamos fuera de temporales y tempestades algo más que existían las tormentas, las riadas y los vendavales, que son imprevisibles aunque se barruntan además del calendario zaragozano por indicios naturales observando señales en el cielo o mirándole la capucha del fraile en el higrómetro de cartón puesto en el balcón. Ahora lo del clima es acongojante, de acollonar científicamente, sin salir de casa pues como dice el telediario “estaremos muy pendientes”: que si ciclogénesis explosiva (manda güevos con el adjetivo) , que si la gota fría ( de la malaya ni hablo) que si la alerta amarilla (de viento no de orientales) la bandera roja (de playa que no de revolucionarios), las olas de no sé cuantos metros sobre un nivel del mar en sube y baja (hay boniatos que van a verlas para jugar al manga riega que aquí no llega) riesgo de aludes para quienes gustan de ir a la nieve, y por supuesto la DGT que no pudiendo hablar de radares (perdón, de velocidad) aprovecha sus consejos “por nuestra seguridad”. Por si faltaba algo a los incendios y asfixias del brasero ahora se añade el drama de la “pobreza energética” en algunos hogares lo que sumado al cambio climático y a las desaladoras junto a calentamiento global, efecto invernadero y esos intríngulis del protocolo de Kioto sobre contaminación industrial… pues como que prefiero hablar como antes de si la granizada afecta a la cosecha de patatas y de aquellas avionetas misteriosas que bombardeaban nubes gibando lluvias y perjudicando al melonar.
¡Señor! ¡Señor! Que no nos
amarguen más con las noticias del tiempo y que vuelvan a hablar de la prima de
riesgo o los fichajes del balompié porque con apagar el aparato dejas de sufrir
por salir a la calle a disfrutar de lo que es gratis: el aire libre.
Aconsejo que se lea algo sobre: Principio de
Peter (o de la incompetencia) Ley de Murphy (lo que puede salir mal), Ley de
Parkinson (nada que ver con los temblores), Efecto Dunning-Kreuger (joer con
los apellidos guiris para hablar de los que se tienen a sí mismo por mejores de
lo que son) y muchas más cosas que ayudan a entender la comedia humana.
Animo a consultar
Sesgos Cognitivos (palabra sin relación con el sexo explicito para no
asustarse) pues aunque uno se pierda por no entender alguna palabra, ilustra
mucho ver los muchos que hay en su lista y nos enseñará las muchas alteraciones
de la mente humana que nos llevan a distorsionar la percepción, a formar
juicios imprecisos o interpretar ilógicamente las cosas.
No es que estemos
locos es que todos tenemos alguna neurona derrapando y por eso nos la meten con
los programas electorales.





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