No tengo la
menor duda sobre el resultado moco de pavo cuando oigo hablar a los políticos
de crear empleo (algunos lo rizan llamándolo
recuperar empleo o sus variaciones puesto de trabajo y/o disminuir paro) me viene asociación de ideas con la palabra
Colocación que, vaya Ud. a saber por qué, es sinónimo no de ya ocupación
laboral sino que además de las 5 acepciones variopintas del diccionario RAE,
para el imaginario de muchos es poco más que eso de ponerle nombre y apellidos-
los suyos- a la vacante de puesto,
jornal o contrata como si todo se basara en una rifa de agraciados por la suerte.
No dudo de los buenos deseos y voluntariedad de las candidaturas pero me temo
que con sus promesas hacen brindis al sol, basadas solo con sus intenciones y
deseos, pues todo éxito depende de factores externos que les sobrepasan y de
contingencias de futuro imponderable, que puede darse o no darse. Seguimos bajo
un análisis incompleto de la realidad socio-laboral de una localidad que se
empecina en un modelo económico de monocultivo turístico agotado, cuyas
limitaciones y alcance están ya vistas y comprobadas desde hace décadas por
mucho que no se acepten como insuperables o estacionales.
Uno, le llama Política de empleo a eso de que
da, y dará, jornales temporeros tirando de presupuesto, a base de escoba y
recogedor, para así poder enlazar subsidio de desempleo los desfavorecidos
salvando el bache por un tiempo; Otro, dice que con nuevos solares se podrán
edificar hoteles para que contraten gente todo el año y especulando sobre los
miles de puestos venideros apenas repara que desbordando el número de
habitantes incluso niños y ancianos posibilita el efecto colateral de la
arribada masiva de nuevos desheredados de la suerte deslumbrados por la promesa
de futuro; Aquel, que montando nuevas instalaciones municipales se auspiciaran
empleos al funcionar abiertos; el de más allá, propone un reparto más repartido
del presupuesto destinado a eso de dar jornales para que esa bolsa de paro
alcance a todos los empadronados con necesidad, omitiendo eso de la libre
circulación de personas y el imposible encaje legal de cerrar el grifo para
forasteros u otras menudencias discriminatorias. Nadie pasa de poner tirita a
la herida y parche al grano sin sajarlo antes porque nadie gasta cacumen más
que en tirar de presupuesto.
Todo me recuerda aquel tebeo llamado Tío Vivo con
la historieta 13 rue del Percebe,
donde el genial Francisco Ibáñez colocaba en cada casa del edificio una
truculencia graciosa en cada vivienda que era cierto reflejo social de la época
con sus tipos humanos y picaras vicisitudes; que luego evoluciona malamente a 7 Rebolling street donde sigue la saga
de despropósitos vecinales bajo apariencia de modernidad.
Ya saben, el Progreso lo cambia todo para seguir lo mismo, y a peor.



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