Galopando sin cabeza.- Cuando se dice de un grupo que entre todos no hacemos uno se puede
entender que no consiguen unanimidad para actuar con la fuerza de una sola voz;
Pero… también podemos entender que, en su medianía, al sumarlos no se consigue
siquiera el nivel aceptable para una persona que pudiéramos tener como
completa.
Juzguen Uds. lo que hay de “nivelazo” en una aldea donde el
consistorio se enfrasca en disquisiciones metafísicas sobre el reservarse 200
entradas ¡para uso protocolario! Hablamos
de un concierto de una cantante de coplas y sevillanas, programado dentro de
las fiestas patronales, al que aun siendo pagado por fondos públicos se le pone
precio de entrada al público para todos los asistentes… menos los incluidos en
el capítulo nobiliario de protocolarios. O sea, de regalo a cuenta del erario
para reparto aleatorio, graciable y repartible a criterio del sanedrín de
electos, que en su reparto discrecional sentirán
el aroma del Poder de la magnanimidad selectiva, el goce de ser halagados por
los peticionarios y el placer de sentirse dador de favores comprobando cuantos
amigos tienen que agasajar clientelarmente con su importancia. Están un poquito
enfurruñados porque han rebajado de 300 a 200 el cupo de regalos (no cuento el
aforo del local para no avergonzarlos) pero esto me recuerda las entradas del
Circo donde se fijaba en la tablilla de precios “Niños y militares sin
graduación gratis” y es que andamos en un circo anual de festejos donde algunos,
los más, pagan tres veces: El caché de la artista con sus impuestos vía
presupuesto municipal, la entrada si van a verla y la entrada de los que van a
verla gratis por el regalo de los políticos de la tribu. La memez se consolida
cuando un portavoz agradece “el esfuerzo del concejal por preparar unas fiestas
con 80 eventos”. Dividan días por eventos y verán la dificultad de evacuar
necesidades fisiológicas que tendremos al no poder asistir a todos sin tiempo
para descansar…
Siento vergüenza del desprestigio comunal que surge del desperdicio
intelectual en que ocupamos tiempo y dinero bajo la ocupación-preocupación de
estos despreocupados figurando como prócer de la aldea. Mi impresión es que
cuando se anda sumido en un aquelarre de medianías no solo no se siembra nada
sino que tampoco se recoge un mal fruto perecedero por muy silvestre que se nos
aparezca.


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