domingo, 20 de septiembre de 2015

Aquelarre de medianias

Galopando sin cabeza.- Cuando se dice de un grupo que entre todos no hacemos uno se puede entender que no consiguen unanimidad para actuar con la fuerza de una sola voz; Pero… también podemos entender que, en su medianía, al sumarlos no se consigue siquiera el nivel aceptable para una persona que pudiéramos tener como completa. 

Juzguen Uds.  lo que hay de “nivelazo” en una aldea donde el consistorio se enfrasca en disquisiciones metafísicas sobre el reservarse 200 entradas ¡para uso protocolario!  Hablamos de un concierto de una cantante de coplas y sevillanas, programado dentro de las fiestas patronales, al que aun siendo pagado por fondos públicos se le pone precio de entrada al público para todos los asistentes… menos los incluidos en el capítulo nobiliario de protocolarios. O sea, de regalo a cuenta del erario para reparto aleatorio, graciable y repartible a criterio del sanedrín de electos, que en su reparto discrecional  sentirán el aroma del Poder de la magnanimidad selectiva, el goce de ser halagados por los peticionarios y el placer de sentirse dador de favores comprobando cuantos amigos tienen que agasajar clientelarmente con su importancia. Están un poquito enfurruñados porque han rebajado de 300 a 200 el cupo de regalos (no cuento el aforo del local para no avergonzarlos) pero esto me recuerda las entradas del Circo donde se fijaba en la tablilla de precios “Niños y militares sin graduación gratis” y es que andamos en un circo anual de festejos donde algunos, los más, pagan tres veces: El caché de la artista con sus impuestos vía presupuesto municipal, la entrada si van a verla y la entrada de los que van a verla gratis por el regalo de los políticos de la tribu. La memez se consolida cuando un portavoz agradece “el esfuerzo del concejal por preparar unas fiestas con 80 eventos”. Dividan días por eventos y verán la dificultad de evacuar necesidades fisiológicas que tendremos al no poder asistir a todos sin tiempo para descansar… 
Siento vergüenza del desprestigio comunal que surge del desperdicio intelectual en que ocupamos tiempo y dinero bajo la ocupación-preocupación de estos despreocupados figurando como prócer de la aldea. Mi impresión es que cuando se anda sumido en un aquelarre de medianías no solo no se siembra nada sino que tampoco se recoge un mal fruto perecedero por muy silvestre que se nos aparezca. 

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