jueves, 4 de febrero de 2016

zapatiesta en zarabanda de fiesta

Bobeo bovina.- En cierta ocasión, no ha mucho tiempo atrás, una anciana de Oropesa –mi madre- quiso subirse al trenecito turístico para entender donde estaba el atractivo del recorrido y el singular encanto del viajecito, si lo hubiere, toda vez que el pasaje parecía gozarla como si volviera a la infancia en ese carruaje con vagones de intemperie medio al aire libre (los que hicieron la guerra decían que en el frente no tenían ni intemperie para resguardarse) pues no consta disponer de otra climatización que la ausencia de ventanillas tapa brisa.
Por si no lo saben el tal llamado tren turístico es algo así como el tren de la bruja sin raíles, rodando con vocación de bus urbano, circulando a su bola y tocando la campanilla para que se aparte el peatón a su paso. Iniciaba recorrido ese tren allá en los confines del término municipal donde hay una “ciudad de vacaciones”, eufemismo en titulo urbano que se integra como separado barrio extrarradio en un pequeño pueblo que se ve a lo lejos y campo a través. La vieja orpesina alucinó cuando subió una pasajera que al ver el monísimo pueblo a lo lejos le preguntó a su acompañante ¿cómo se llama ese pueblo que se ve allí? Es sabida la desorientación espacial  de muchos que se extravían hasta cuando buscan la salida de su alcoba o el urinario del local pero resultaba chistosamente grotesco que la pasajera ignorara el nombre de la propia localidad donde vacacionaba y no fuera capaz de situarse.
    
Lo dramático es cuando la mayor parte del censo vecinal anda perdida en materia de saber y reconocer los nombres de las zonas de su territorio municipal y es que no hay peor ceguera que la miopía mental o la miopía intelectual de quien no sabe ni quiere saber donde está.











 Caos en cacao urbano.-
Tengo para mí y así lo sostengo afirmándolo como axioma (verdad evidente que no necesita demostrarse)  que todo asunto caído bajo las garras políticas de nuestros gestores acaba siendo materia-tema-embrollo- barullo lioso o “empastre”…cagado y, por ello, cualquier cosa que se toca acaba dándonos más gasto y problema que satisfacción.  En esta Taifa donde se ubica mi Aldea se liaron con eso de “poner en valor” “optimizar” “potenciar” “dinamizar” como objetivos colectivos para la sociedad civil metiéndose todas las localidades en una zarabanda de festejos y eventos que nos convierten todo el año en un grotesco carnaval. Nimiedades y ocurrencias de poco caletre y sustancia como logotipos o eslóganes chorras como eso de la Marca-paraguas, bobadas voluntaristas en plan de placebo tipo declaración de interés (turístico, provincial, bien de la humanidad) o esa puerilidad llamada bandera de calidad;  como tantos otros inventos llamados eventos, que son incordios con mucho viento y poco aliento, solo para rellenar el calendario como zanahoria ilusionante del burro para que siga tirando p’adelante. Cualquier simpleza se quiere elevar a tipismo en sublime reclamo atrayente con tal de seducir turistas que esquilmar, ya sea usando referente por las famosas empanadillas de Encarna, els pastissets (tortas de alma) de la tía Romualda o excentricidades de baratillo trashumante como poner mercadillos navideños en puente de la Inmaculada o medievales por el puente 2 de mayo madrileño cuando no en asunto deportivo se monta la intemerata del caos colapsando calles y dinamitando la vida ciudadana a base de vallas y guardias prohibiendo el paso y dejando libre la calle a todo forastero que venga al evento .
 Cada evento supone un despejar de calles prohibiendo aparcar o estacionar con exasperante antelación y duración. Algún millar de vehículos se ve buscando imposible acomodo entre prohibiciones y zona peatonalizada para despejar el callejero en penoso desalojo. Una vez colapsadas las calles me consta el calvario de quien deseando acceder a su domicilio se ve impelido por los agentes con un rosario de circule-no se puede pasar- no se pare- siga- por ahí no y otras amables indicaciones que le llevan a las antípodas locales en remoto paraje descampado en zona perdida o barrio de casa dios de la frontera para iniciar un paseo a pie hasta casa (que era donde quería llegar). Desproporcionado guirigay de desordenes caóticos que en retorno económico para la población apenas sirven para que algún kiosco venda dos paquetes de pipas o entren en el bar dos despistados a mear y tomar café. Sigamos atormentando al vecindario ( ahora vuelven vallas por carnaval, mañana como pasó en San Antonio por un castillo hinchable para revuelco de niños se tiran las terrazas de bares al asfalto y los coches al laberinto del rodeo imposible) Lo dicho por un conocido mío que afirma no haber más tontos por falta de entrenamiento. 
Tapiar la ciudad es lo único que se logra porque ¿ a quien se le ocrre que es una fiesta armar la zapatiesta de una contrarreloj ciclista por las calles donde se vive?



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