Más
que seudónimo, Perupalo es acrónimo de mi propio nombre, ya que por
aquello de los nuevos tiempos hoy es usual identificarse, y esconderse a la
vez, así, casi oculto como apodo, mote o disfraz anónimo, en este mundo de
redes y electrónica cuya moda o costumbre ha sustituido las corteses y viejas
formas de identificarse en la relación directa del trato entre personas.
Por el método de
ensayo y error (hacer y corregir para volver a hacer y aprender),
pretendo iniciarme en este mundo del Blog donde exponer y divulgar mi afición
por la historia local de Orpesa/ Oropesa del Mar, con el ánimo de compartirla y
lograr de paso cierta higiene mental que me ayude a reconciliarme con el
presente.
Pongo Orpesa y Oropesa porque, haciendo abstracción de que los dos nombres son oficiales y de correcto uso, de pequeño fue Orpesa el nombre de mi localidad natal que más oí en mi entorno familiar. No hay exclusión ni guerra idiomática en mi usar a veces Orpesa por Oropesa, menos aun de matiz político o ideológico en preferirla como titular de este rincón, pues no tengo fobias ni filias al uso del topónimo indistintamente, sea en valenciano o en castellano.
Nací aquí, y no por casualidad, en 1953, poco antes de esa foto mía en plan nudista precoz, desnudo, pero con sombrero, que pongo de cabecera titular y la Oropesa de Perupalo era como se ve en la foto que pongo al pie.
Crecí en aquella Oropesa que no sabía de Banderas azules en playas ni de socorristas, que no distinguía entre veraneante y turista porque entonces los veranos y las temporadas eran otra cosa.
Conocí un paisaje (La Villa agrícola de Oropesa en aquel entonces era sobre todo un Paisaje y no un Destino turístico) que no se humanizó con farolas y miradores o paseos, ya sean asfaltados o peatonalizados, sino con personas a las que se llegaba a conocer, reconocer, y tratar.
Sin saber idiomas, por sus risas y algarabía, los niños distinguíamos un francés de un inglés o alemán, cuando los oíamos en sus largas veladas noctívagas; Extranjeros los había cada año, sin agencias ni travel-tours, ni info-tourist ni nada, aparte del autobús de las 8 de ida y regreso a las 14, el tren correo (solo dos, llamados:sevillano y lígero) y el camión del ordinario para encargos de paquetes a la capital; no eran tiempos de ferias, expos o stands, ni otras gaitas industriales del actual mix turístico-inmobiliario como marca-paraguas, slogans guay y concursos de rifa-regalar coches por venir a comprar (a diferencia de los tiempos de ahora, estos guiris eran más turistas que Arbeiter) ya que aparecían solos y por su cuenta, riesgo y voluntad, sin que supiéramos el cómo ni el por qué venían a Oropesa.
Pongo Orpesa y Oropesa porque, haciendo abstracción de que los dos nombres son oficiales y de correcto uso, de pequeño fue Orpesa el nombre de mi localidad natal que más oí en mi entorno familiar. No hay exclusión ni guerra idiomática en mi usar a veces Orpesa por Oropesa, menos aun de matiz político o ideológico en preferirla como titular de este rincón, pues no tengo fobias ni filias al uso del topónimo indistintamente, sea en valenciano o en castellano.
Nací aquí, y no por casualidad, en 1953, poco antes de esa foto mía en plan nudista precoz, desnudo, pero con sombrero, que pongo de cabecera titular y la Oropesa de Perupalo era como se ve en la foto que pongo al pie.
Crecí en aquella Oropesa que no sabía de Banderas azules en playas ni de socorristas, que no distinguía entre veraneante y turista porque entonces los veranos y las temporadas eran otra cosa.
Conocí un paisaje (La Villa agrícola de Oropesa en aquel entonces era sobre todo un Paisaje y no un Destino turístico) que no se humanizó con farolas y miradores o paseos, ya sean asfaltados o peatonalizados, sino con personas a las que se llegaba a conocer, reconocer, y tratar.
Sin saber idiomas, por sus risas y algarabía, los niños distinguíamos un francés de un inglés o alemán, cuando los oíamos en sus largas veladas noctívagas; Extranjeros los había cada año, sin agencias ni travel-tours, ni info-tourist ni nada, aparte del autobús de las 8 de ida y regreso a las 14, el tren correo (solo dos, llamados:sevillano y lígero) y el camión del ordinario para encargos de paquetes a la capital; no eran tiempos de ferias, expos o stands, ni otras gaitas industriales del actual mix turístico-inmobiliario como marca-paraguas, slogans guay y concursos de rifa-regalar coches por venir a comprar (a diferencia de los tiempos de ahora, estos guiris eran más turistas que Arbeiter) ya que aparecían solos y por su cuenta, riesgo y voluntad, sin que supiéramos el cómo ni el por qué venían a Oropesa.
Eran tiempos
pioneros tan primitivos que, a falta de grifos de agua dulce potable a pie de mar, nos
llevábamos la arena y salitre con la propia piel y toalla hasta lavarla en propia casa de cada cual; arena playera que, como las algas,se iba y venía de la Playa
con los temporales naturales, sin necesidad de meter dinero comunal en perfeccionar-remendar a la
Naturaleza, no era preciso acarrear tierra de un lado para ponerla en otro, sembrar de escombreras y cascotes el término municipal ni hormigonar (de cemento no de hormigas) el mundo pisable (de pisar no de orinar) para acabar con todo el suelo fértil cultivable, no se roturaban montañas creándoles calles por cimas y laderas además de asfaltar toda senda o camino con la excusa de los cortafuegos.
Tampoco era vital para poderse ganar la vida en Oropesa el que viniera todo el mundo mundial "a visitarnos" como las golondrinas "Tío Gilito" de verano, para muchos vecinos el invento del turismo era gozosa excusa para viajar sin salir de casa y tan solo era un complemento supletorio de ingresos, bastaba con la alegre novedad de quien aparecía por aquí y el apaño de los que repetían al año siguiente reservando el mismo bungalow. (Aprendimos idiomas con lo de On Parle, we speak, Zu vermieten, à Louer, Chambre, Room, y todo el macarrónico spanglish que se usaba por lengua franca para tirar los tejos)
No se precisaba mucho incentivo para gozar del Verano, solo tiempo libre y predisposición, no era pensable ni tener que sacar agua del suelo para poder cimentar edificios ni desalar la del mar para beberla ¿...?, no era costumbre ducharse obsesivamente o regar jardines de verde tropical sino que el agua se precisaba para luchar contra la sequía y el secano, por el proceso de regar campos agrícolas productivos.
Nadie se planteaba praderas de golf, generar-regenerar espigones, u otras artificialidades, para crear unas playas ya de suyo existentes con sus propios arenales, dunas y vegetación a pie de mar. El concepto Mar abarcaba algo más que la playa con paella y el concepto campo no sabía nada de eso de urbanizable más allá de algunos Campings que, por cierto, influían beneficiosamente en el comercio local.
No se colocaban piscinas al lado del mar y el concepto "la fresca" era pura tertulia vecinal sobre la acera, aprovechando la brisa que entraba en el pueblo sin obstáculos corta-vientos de gran altura. El Sol y el calor, se combatía sin aparatos de aire acondicionado y las neveras de hielo aun existían junto a sombras, persianas y cañizos o emparrados.
La vista panorámica era preciosa y natural, libre y de disfrute general, desde todas partes, los "con vistas al mar" se obtenían desde cualquier lugar sin necesidad de comprar un apartamento para ello (casi siempre con solar vacío sospechoso delante del balcón sin avisar de 2ª fase en proyecto) y debo decir también que el "con vistas al pueblo" era algo siempre posible desde la misma orilla del mar pues el murmullo de la aglomeración bañista se oía a distancia de forma natural como algo humano.
Sin otro socorrista-vigilante de la playa que la prudencia del sentido común, el consejo de los mayores y la regañina familiar, no era preciso mirar el color de la Bandera de peligro sino el del agua y el del oleaje. No se reservaba sitio para tumbona o sombrilla, solo había alguna caseta playera para cambiarse de ropa y las barcas varadas en la playa o el merendero estival de cañizo para obtener una refrescante sombra…después vino lo que hay y hay lo que hoy se ve, aunque no se quiera ver de igual forma por todos los que la miramos.
Tampoco era vital para poderse ganar la vida en Oropesa el que viniera todo el mundo mundial "a visitarnos" como las golondrinas "Tío Gilito" de verano, para muchos vecinos el invento del turismo era gozosa excusa para viajar sin salir de casa y tan solo era un complemento supletorio de ingresos, bastaba con la alegre novedad de quien aparecía por aquí y el apaño de los que repetían al año siguiente reservando el mismo bungalow. (Aprendimos idiomas con lo de On Parle, we speak, Zu vermieten, à Louer, Chambre, Room, y todo el macarrónico spanglish que se usaba por lengua franca para tirar los tejos)
No se precisaba mucho incentivo para gozar del Verano, solo tiempo libre y predisposición, no era pensable ni tener que sacar agua del suelo para poder cimentar edificios ni desalar la del mar para beberla ¿...?, no era costumbre ducharse obsesivamente o regar jardines de verde tropical sino que el agua se precisaba para luchar contra la sequía y el secano, por el proceso de regar campos agrícolas productivos.
Nadie se planteaba praderas de golf, generar-regenerar espigones, u otras artificialidades, para crear unas playas ya de suyo existentes con sus propios arenales, dunas y vegetación a pie de mar. El concepto Mar abarcaba algo más que la playa con paella y el concepto campo no sabía nada de eso de urbanizable más allá de algunos Campings que, por cierto, influían beneficiosamente en el comercio local.
No se colocaban piscinas al lado del mar y el concepto "la fresca" era pura tertulia vecinal sobre la acera, aprovechando la brisa que entraba en el pueblo sin obstáculos corta-vientos de gran altura. El Sol y el calor, se combatía sin aparatos de aire acondicionado y las neveras de hielo aun existían junto a sombras, persianas y cañizos o emparrados.
La vista panorámica era preciosa y natural, libre y de disfrute general, desde todas partes, los "con vistas al mar" se obtenían desde cualquier lugar sin necesidad de comprar un apartamento para ello (casi siempre con solar vacío sospechoso delante del balcón sin avisar de 2ª fase en proyecto) y debo decir también que el "con vistas al pueblo" era algo siempre posible desde la misma orilla del mar pues el murmullo de la aglomeración bañista se oía a distancia de forma natural como algo humano.
Sin otro socorrista-vigilante de la playa que la prudencia del sentido común, el consejo de los mayores y la regañina familiar, no era preciso mirar el color de la Bandera de peligro sino el del agua y el del oleaje. No se reservaba sitio para tumbona o sombrilla, solo había alguna caseta playera para cambiarse de ropa y las barcas varadas en la playa o el merendero estival de cañizo para obtener una refrescante sombra…después vino lo que hay y hay lo que hoy se ve, aunque no se quiera ver de igual forma por todos los que la miramos.
Cuestión
de gustos y añoranzas. Cuestión de aciertos y desaciertos que dejo al campo
libre de la opinión de cada cual, porque yo solo quiero recordar para compartir aquí lo que viví y
gocé en el paisaje de mi memoria, que se compone de Pueblo y Playa porque las
dos cosas existían, casi de espaldas, separadas por la vía del tren pero existentes diferenciada y quizá complementariamente entre sí.
Paisaje y Paisanaje singular, apreciado de boquilla por muchos, recordado por pocos, añorado por casi ninguno e ignorado por la mayoría de todos los que hoy pasan por ser de aquí (venimos desde siempre, lo menos desde hace...). No es nostalgia ni lamento, solo voluntarioso recuerdo para que no muera por olvido lo que ya murió por obra y gracia (¿conveniencia?) de todos.
Aquella Orpesa no volverá nunca y hasta su relato desaparecerá enterrado bajo la indiferencia del presente y el eufemismo de un futuro, siempre prometido, tantas veces ajeno a nuestra voluntad y deseo, planeado siempre por otros pero involucrando nuestras cosas y atropellándonos por el bien común de los demás (que son siempre ellos, su parroquia y sus fines). Futuro futurible, indigerible por descomunal, que pronto será tan obsoleto sueño del pasado como nosotros mismos, que ya lo somos en esta vida de cuerpo presente.
Paisaje y Paisanaje singular, apreciado de boquilla por muchos, recordado por pocos, añorado por casi ninguno e ignorado por la mayoría de todos los que hoy pasan por ser de aquí (venimos desde siempre, lo menos desde hace...). No es nostalgia ni lamento, solo voluntarioso recuerdo para que no muera por olvido lo que ya murió por obra y gracia (¿conveniencia?) de todos.
Aquella Orpesa no volverá nunca y hasta su relato desaparecerá enterrado bajo la indiferencia del presente y el eufemismo de un futuro, siempre prometido, tantas veces ajeno a nuestra voluntad y deseo, planeado siempre por otros pero involucrando nuestras cosas y atropellándonos por el bien común de los demás (que son siempre ellos, su parroquia y sus fines). Futuro futurible, indigerible por descomunal, que pronto será tan obsoleto sueño del pasado como nosotros mismos, que ya lo somos en esta vida de cuerpo presente.
A veces convendría, por higiene mental, no dejarnos sucumbir
ante el presente y reflexionar. Sobre todo como auto defensa mental en reacción ante las realidades virtuales o sugerencias de
presentación de tanto reclamo ferial, frases y tópicos comunes, que nos ponen como zanahoria ante el
burro de la noria, para mantenernos anestesiados en la ansiedad de desear siempre lo que no tenemos, como si el poseer cosas fuera la única gasolina del espíritu.
Hay que mostrar ya público hastío ante tanto esfuerzo lúdico festero que cansino, con dinero comunal (nuestro y de todos) , nos incordia el descanso y aturde el goce residencial hasta colmar el calendario anual de ruido y eventos, como si la vida humana fuera solo plantearle a uno la senda de gastos y ocios, un obligado plan de incentivos motivadores de consumo porque hay que gastar para que otros puedan ganar, y más aun, no perder tiempo ante el tonto vocinglero que nos detiene preguntándonos bobaliconamente en su tiempo libre vacacional: ¡Oiga! Aquí, ¿qué es lo que se puede ver o hacer?
Hay que mostrar ya público hastío ante tanto esfuerzo lúdico festero que cansino, con dinero comunal (nuestro y de todos) , nos incordia el descanso y aturde el goce residencial hasta colmar el calendario anual de ruido y eventos, como si la vida humana fuera solo plantearle a uno la senda de gastos y ocios, un obligado plan de incentivos motivadores de consumo porque hay que gastar para que otros puedan ganar, y más aun, no perder tiempo ante el tonto vocinglero que nos detiene preguntándonos bobaliconamente en su tiempo libre vacacional: ¡Oiga! Aquí, ¿qué es lo que se puede ver o hacer?
Decirle
simplemente que no confunda su ocio personal y descanso con el negocio ajeno: La caducidad y la
frustración o el vaivén de planes y proyectos es algo consustancial a la vida
de personas y cosas; con el tiempo hasta el recuerdo de lo bueno se difumina si
no se guarda y cuida con mimo en el mismo instante que nos sucede.
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| Vista aerea de Oropesa (Castellón) años 50 al 60 del siglo XX |
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