La Canción del Verano
Quien canta sus males espanta, decía el
refranero y hubo tiempo que la estulticia colectiva buscaba anualmente una
tonadilla pegadiza para repetirla como mantra y mortificar el verano con el
reiterado soniquete hasta que el cerebro asociaba canción-año-recuerdo
inolvidable.
Era otro tiempo. Eran tiempos de vacaciones ansiadas, promesas de idilio y aventuras adolescentes, sombrillas y patinete acuático, cubo de arena y pala para construir castillos, sol y playa en merenderos y chiringuitos con vermú, paella, sardinas, tinto de verano, paseo al atardecer buscando la brisa, cine nocturno al aire libre, nuevas amistades, verbena y trasnoche con liberalidad de costumbre y horario permisivo que solía acabar cuando el calor amainaba tras un par de aguaceros tormentosos a finales de agosto o mediados de septiembre.
Gente bastante pero sin agobio, caras sonrientes, ánimo sociable y curioso por relacionarse entre sí, talante amigable y deseos de repetir temporada pues algunos rostros eran reconocibles de otros años, gente con la mala costumbre de visitarnos en nuestras casas a la hora de cenar pues no caían en la cuenta acerca del diferente horario de quien no vacaciona y si labora en las mismas fechas…aquello se acabó para siempre, aunque no queramos aceptarlo y algunos pretendan seguir tirando de la veta agotada para hacer su agosto como si todo fuera igual, como si entre todos no lo hubiéramos matado.
Cuando nuestro tren se equivocó de vía fue cuando se confundió turismo y veraneante con el venderles apartamentos y la cosa descarriló al descubrir el filón del suelo como fuente de ingresos municipal. Nadie puede poner puertas al campo pero si llenarlo de calles y solares para convertir todo m2 de piedras en unidad tributaria.
En esas estamos y pronto empezaremos a pagar el progreso porque, mal que bien, lo hemos colmatado todo de gente y casas pensando en exprimir nuevos bolsillos y nos lo hemos reventado al verano a nosotros mismos.

Era otro tiempo. Eran tiempos de vacaciones ansiadas, promesas de idilio y aventuras adolescentes, sombrillas y patinete acuático, cubo de arena y pala para construir castillos, sol y playa en merenderos y chiringuitos con vermú, paella, sardinas, tinto de verano, paseo al atardecer buscando la brisa, cine nocturno al aire libre, nuevas amistades, verbena y trasnoche con liberalidad de costumbre y horario permisivo que solía acabar cuando el calor amainaba tras un par de aguaceros tormentosos a finales de agosto o mediados de septiembre.
Gente bastante pero sin agobio, caras sonrientes, ánimo sociable y curioso por relacionarse entre sí, talante amigable y deseos de repetir temporada pues algunos rostros eran reconocibles de otros años, gente con la mala costumbre de visitarnos en nuestras casas a la hora de cenar pues no caían en la cuenta acerca del diferente horario de quien no vacaciona y si labora en las mismas fechas…aquello se acabó para siempre, aunque no queramos aceptarlo y algunos pretendan seguir tirando de la veta agotada para hacer su agosto como si todo fuera igual, como si entre todos no lo hubiéramos matado.
Cuando nuestro tren se equivocó de vía fue cuando se confundió turismo y veraneante con el venderles apartamentos y la cosa descarriló al descubrir el filón del suelo como fuente de ingresos municipal. Nadie puede poner puertas al campo pero si llenarlo de calles y solares para convertir todo m2 de piedras en unidad tributaria.
En esas estamos y pronto empezaremos a pagar el progreso porque, mal que bien, lo hemos colmatado todo de gente y casas pensando en exprimir nuevos bolsillos y nos lo hemos reventado al verano a nosotros mismos.
Va por
ahí la Tasa de llevarse la Basura, viene lo del agua del mar sin sal al grifo
cuyo sobrecoste le sorprenderá a poco tardar, sigue lo de tener a la gente en un calendario
perpetuo de fiestas y eventos, llegará lo de entender eso de insostenibilidad
por algo más simple que lo ecológico: el imposible mantener costes de una 2ª
residencia pagando mínimos de luz, gas, comunidad, Impuestos y
mantenimientos de una casa cerrada y vacía, que no por especular algunos compramos ilusionados en la
costa solo para encontrarnos ahora con radares y multas en carretera y en
lugares de descanso veraniego, ruidos y sobre precios (ya sabe le quitan % de lo que le pagan y le
cobran un plus % de lo que se gasta, además de jugar a lo del poner precio alto de temporada), timos y estampitas, colas en playa y en
supermercados, demoras en médicos y hospitales o farmacias como si fueran tiempos de racionamiento, calor sin brisa en
calles llenas de pared y ventanas con vistas al propio domicilio y noches sin estrellas pero con mucha farola encendida.
Sigue eso de la maquinaria de limpieza dándole matraca metálica a la noche y
quizá le pongan unos autos de choque como vecino de verano o le organizan
saraos de pago a pocos metros. Todo sea por el agosto pero le supongo enterado:
Solo gana quien cobra de todo, a todos y por todo ¿le digo quien?

Acogotar
el presente, hipotecar la vida, disgusto por la realidad, mal gusto por
doquier, falta de gusto en general, susto por el porvenir, apuro justo de
llegar a final de mes, mes que se convierte en quincena, quincena que computa
semana y poco más de algún puente festivo, es algo consustancial al verano
actual y por paradoja donde mejor se está en agosto es en la propia capital, que
abandonamos para ir a la playa.



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