La diversión del verano
No sé si maldecir o compadecer al individuo que conduce la
megafonía ambulante de anunciar eso de La
diversión del verano está en…; cierta agresividad comercial es necesaria para
vender la cabra o el burro que se quiera encalomar al payo pero el limite está en el machaqueo al
personal pasando varias veces por su calle al día, hora de siesta o de caloroso
sopor, repitiéndole eso… que vendo algo que me tenéis que comprar;
al menos el afilador tocaba la armónica (bueno,
es una flauta de pan o chiflo) para convocar los clientes y te atendía en
el acto dándote servicio en horas apropiadas yéndose después con la música a otra parte, pero este altavoz móvil nos bombardea en machaqueo insistente para que
acudas a un sitio horas o días después, amenizándote los días entremedias con su
pasacalle de megáfono recordatorio.
Cierta
noción palurda de las técnicas de motivación y reclamo al personal les lleva a
reforzar el altavoz come-coco con la suelta de cohetes, en ráfaga cuenta atrás
de intermitencia exasperante, cuatro o cinco horas antes del evento para
recordarnos que hoy es le día de su negocio a modo de gps-tonton; también parece
como si se quiere mezclar festejo y negocio, en el más puro ombliguismo que rodea a esta sociedad
vecinal nuestra tan solo pensando barrer para lo suyo, y se nos activa ruidosamente el aviso-llamado cohetero pueblerino para acudir a las vacas
de fiestas, confundiéndose festejos tradicionales con lo que es un puro acto mercantil de lucro privado que incluye
vacas nocturnas en embolado comercial.
Así andamos, con una plaza de toros sin más corridas ni novilladas que la diversión del verano y la mucha afición taurina local en fiestas y encierros sui generis declarados institucionalmente bien de interés no sé qué, ni por qué o para qué.
Así andamos, con una plaza de toros sin más corridas ni novilladas que la diversión del verano y la mucha afición taurina local en fiestas y encierros sui generis declarados institucionalmente bien de interés no sé qué, ni por qué o para qué.
El verano se acaba desangrado en su quincenas y la cigarra se hiberna sin saber si verá
el siguiente estío porque solo aspira a alargar y repetir el verano como canonjía todo el año, olvidando que si todo se basa en el consumo ajeno y nadie produce nada más que una intermediación en venta, aquí solo ganan en verdad los de fuera ya sea haciendo bolos o entrando y saliendo del caótico follón urbano que somos.
Pronto caeremos en cuenta que eso de la carestía artificial de un sitio de moda es un bluf o lujo que no nos podemos permitir y no sale a cuenta soportarlo ni es preciso vivir todo el año bajo ese nivel de falso standing.
Ahora se lleva.- siempre me ha
asombrado el desparpajo femenino que te despacha con un displicente tu no entiendes de estas cosas, cuando le preguntas que
donde está escrito eso de que hay que ponerse algo solo por estar de moda. Yo
confieso que antes de verse algo masivamente por la calle ya hay quien
justifica todo adefesio o uniforme taparrabos puesto a la venta como de
obligado traje ceremonial de la tribu bajo la servidumbre de seguir la moda por
adelantado, dándonoslo por costumbre extendida en uso a lo que solo es
tendencia o propuesta de un avispado comerciante o fabricante desglobalizado.
Entre Copia, Plagio, Calco, Imitación, Mimetismo o simple
replica bastarda de toda idea original, anda el personal chafándose ideas y
pisándose la manguera unos a otros en
cuanto ven que algo funciona en alguna parte. Ahora se lleva lo de los
festivales musicales de masas como inyección económica de localidades
turísticas. Funciona en algunas partes y quieren hacerlo en todos los
alrededores. La libre competencia suele acabar en eso de agotar el pozo y repartir miseria entre todos al final del cuento.
Al parecer basta con un descampado al sol, mezclar inglés y español macarrónicamente en spanglish hortera para darle una cierta etiqueta con marchamo de internacionalidad y prometerse los reyes magos del verano al estimar como regalo el amontonamiento tipo plaga de langosta de miles, decenas o centenares de miles, de jóvenes asistentes cuya capacidad de bolsillo tras pagar las entradas festivaleras se adapta como puede a los gastos de viaje en aventura excursionista, alojamiento precario y alimentación de supervivencia prefabricada pues no hay para mucho más por lo general. Y todo se nos presenta como una inyección económica o chute salva temporada turística.
¡Venga ya! ¡Amos, anda! solo es cuestión de tiempo que se diga la verdad del asunto porque este año ya hay quien dice que el retorno económico de los eventos no es tan así como lo pintan... ni beneficio para todos en general y hay cierta diáspora local por evitarse esos días. Eso sin contar los gastos comunales que nos generan, ya que es costumbre no pensar en nada más que en la promesa de beneficio.

Es de antología del Cuento (por no decir disparate voluntarista) lo que se dice en prensa sobre el impacto provincial de los festivales: Por ahí que le han acudido al pueblo esos días sobre 1/4 de millón de asistentes (sospecho que las cuentas salen si multiplican el aforo del descampado por el numero de días de programa, como si no fueran los mismos asistentes cada noche) , por allá se comenta que hay que modificar fecha y hacer un recorrido para que la procesión les pase por la puerta de su expendeduría de pipas y latas (negocio turístico, según la propia creencia de muchos emprendedores) , por acullá de más aquí se presenta en publicitario fotomontaje periodístico con su idea un organizador de eventos particular y, en cierta simbiosis parasitaria de todo el montaje oficialista, flanqueado por sendos concejales de Juventud y Fiestas como si la bendición política nos avala y acompaña en la aventura mercantil (hay quien piensa en que la juventud solo ansía aquello de folgar que decía el Arcipreste de Hita) y, por todos a una en feliz ocurrencia, se plantea un DJ maratoniano desde las 1400 horas, sonorizándonos la aldea pues la música no tiene fronteras de recinto, durante cerca de 15 horas seguidas sin parar. Que no les pase nada a los campings y veraneantes de las inmediaciones si prospera el filón ibicenco. (estoy estupefacto de un cartel de otro lugar y sitio, en el que se anuncia uno como dee jay (literal el titulo profesional) con décadas de experiencia y arte electrónico en lo suyo)
Nada que objetar a las ideas de cada cual ... allá los empresarios con sus ensayos de rentabilizar y sacarle ganancia a todo y los políticos con su olfato de populismo populachero complaciente, pero yo, que tengo el mismo nivel de cretinismo mental que el 95% de mis congéneres, me pregunto: Si llenando de casas la costa y por ende saturando las playas de usuarios, hasta hacinarlas todo el día bajo sombrillas y hamacas, no les basta para satisfacer su necesidad de lucro
¿Cuántos más de miles de personas de paso se necesitan para que sea viable una población costera de 10.000 censados, que arrastra crónicamente un paro de cerca el par de miles de población activa, siendo que mayoritariamente los censados son jubilados o emigrantes no activos laboralmente y que recibe por transeúntes veraniegos hasta 8 veces más habitantes cada año?
¿Acaso no basta con lo que hay montado de por sí para hacer campaña satisfactoria? ¿Dónde está el limite de este dislate vacacional que precisa el consumo masivo de los que vengan y la molestia colectiva de los que ya están, solo para cubrir gastos? ... Si nadie sabe sacar partido provechoso a lo que hay montado ¿Por qué se piensa en aumentar volumen para sobrevivir y no en cambiar de tema o diversificar el panorama? Esto de crear puestos de trabajo precarios ¿es creíble y sirve de algo más que un cataplasma laboral?

Una cosa es el derecho a buscarse la vida y otra el dar
cancha a todo tipo de buscavidas, una cosa es ganarse la vida con el sudor de tu frente y otra ganársela de oportunista con el incordio al prójimo en sus días - y noches- de descanso . Esto hace ya tiempo que corre peligro de degenerar hacia un futuro vacacional donde todo el mundo se lamentará después. Qué pasará cuando la veleidosa moda de tener un apartamento en la playa no compense los gastos y molestias en que se nos convierte el verano. Esperemos al tiempo de ver como se produce el relevo generacional de propietarios para observar si nos va a crecer el desierto urbano playero.


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