No
sé si reír a carcajada batiente o llorar de risa, dar gracias a los dioses o
soltar un exabrupto, rebuznar una cuchufleta o soltar un rugido: Acabo de
recibir en 2015 una Notificación de Alteración Catastral justificada en una
variación que se produjo en 1974 y por la que ahora el Ayuntamiento se asienta
y me descuenta los m2 que se me han
cobrado tributariamente de más desde hace… ¡41 años! Aunque estamos en la Villa bajo patronazgo de
la Paciencia, debo decir que en este periodo ha pasado por mi vida: Un cambio
de Régimen, 3 Jefes de Estado, 5 Papas, Tropecientos políticos entre Gobiernos,
Alcaldes y Concejales (incluyendo los de Urbanismo) y alguna unidad-¿pensante o
pasante? entre técnicos y funcionarios
como servidores públicos a los que, como vecino bobito y bebito, estoy indisolublemente
unido en la desgracia de ser vecino sujeto-pasivo de esta Villa embobada con
los visitantes y madrastra con sus hijos.
En
mis 61 años he constatado la incapacidad oficial de hacer algo a derechas sin
tener la mano izquierda o sin pisar ni dañar un callo ajeno, ya sea por
temeridad de acometer lo que les desborda o porque se les trae al pairo la
faena bien hecha cuando de súbditos se trata y solo es el pensat i fet lo que
importa. Diría aquello de que nunca es
tarde para arreglar algo pero no dispongo de otros 41 años para ver la solución
de alguna otra trapisonda vuestra de las varias que me queda pendiente por ver
resueltas en esta vida terrenal. Os emplazo a la vida futura para seguir con
ello y un consejo no pedido que me permito daros: Si queréis reconocimiento no
sobra añadir a los arreglos-remiendo alguna petición de disculpa porque los
pisotones pueden ser casuales y fortuitos pero sin una educada excusa son
agresión y motivo de pelea. Estoy
harto de vivir entre tanta chapuza.
¡Gracias chaval! .- Hoy,
me aborda por la calle un joven alumno del Instituto para saludarme y decirme
que le agradó la charla divulgación de historia local que les di el día
anterior por gentileza de su Dirección, al programarme como actividad
extraescolar no docente. Aunque quería centrarla sobre el asedio francés de
1811, confieso que me dispersé en generalizaciones sobre las fuentes de
investigación histórica de las que saco las noticias para divulgar el pasado
histórico de esta localidad. Siempre me queda la desazón de pensar que el
“ladrillo” pueda resultar indigerible para unos jóvenes, bien sea por mis
limitadas aptitudes, sobrepasar su nivel de estudios dándoles por supuesto que
lo van a entender o por el batiburrillo de datos en extenso en que suelo caer
bajo el entusiasmo de querer contarles muchas cosas para despertarles la
curiosidad por el conocimiento de materias que, en apariencia, no les sirven
para ese futuro personal de búsqueda de salida profesional y económica al que
parece reducirse todo objetivo deseable en la vida.
La estupidez de silbar.- Frenopatía
y nefropatía se parecen pero no son la
misma enfermedad pues una afecta a la cabeza (debajo de la boina por dentro del hueso y/o cerebro
pensante) y otra al riñón. De niño púber
pre-adolescente asistí con mi abuelo a un estadio de futbol por primera vez.
Llevado del ambiente comencé a increpar al árbitro repitiendo improperios al
abrigo de la masa. Mi abuelo con cara de enojo me dijo “no me gusta que seas
y actúes así”. Me bastó con ver su mirada reprobadora y hasta hoy nunca ha hecho falta
decírmelo otra vez en ningún sitio ni ocasión por mucho ambiente que me incite
a ello. Mis ancestros familiares de sangre me enseñaron a buscar y no perder nunca
el auto control de gesto y actos como conducta personal a seguir sin saltarme nunca
reglas de comportamiento por calentón o apasionamiento, ya sea en excusa por una
euforia o por desgracia ambiental, ni diferenciar las reglas del buen estar,
tanto en público como en privado, ya fuera en ambiente de confianza,
indiferente u hostil, solo o acompañado. Los agravios y quejas los resuelvo
individualmente poniendo la cara por delante y la firma al final del escrito
porque me enseñaron a no escudarme en colectivos y gimoteos de todos a una para
después implorar que no paguen justos por pecadores si vienen mal dadas las tornas.
Manca
finezza nos espetó un político italiano
cuando visitaba España y observó cómo nos maltratábamos unos a otros. Algunos
traducen por falta finura pero no es solo delicadeza lo que falta sino lo que
en el norte de África en español moruno se llamaba “saber manera” y aquí se
decía “saber ser, estar y comportarse”, Valores de antaño mamados en la cuna enseñando
a manejarse por la vida con Respeto, Elegancia y Señorío, guardando genio, gesto y figura hasta en la
sepultura. No ofende quien quiere sino quien puede aunque siempre que ocurre lo
mismo, sucede lo mismo, pareciendo que jugamos como niños a provocar al adulto
jardinero con lo de la manga riega que aquí no llega, fiados de que el adulto con
su cordura y mesura juegue cómplice a amagar pero no mojarnos en nuestro juego
y salir impune haciendo risas: Que una masa cerril y bronca político-futbolera confunda
protesta con ofensa cabe entenderlo en su bucle mental por su definición de
irracionalidad inherente a lo gregario pero lo insufrible y doliente es que se
repita el coro de gañanes encorbatados, que supuestamente pastorean los pastos
donde pace el montaraz rebaño silbante, poniendo palos en las ruedas de
reacción o prevención de grotescas astracanadas colectivas, que van de
abogadillos del diablo siempre aliados con el agresor pidiendo que no se
reaccione en caliente, que se analice los motivos de la gamberrada para
comprenderla y disculparla, que se les dé paraguas de libertad de expresión
como amparo y derecho, que …y que somos ridículos si queremos evitarlo o adoptar
cualquier medida disuasoria. Convendría recordar que agotando la paciencia y
desquiciando al jardinero sacándolo de sus cabales el manguerazo que se puede
recibir no solo es de agua sino de colleja en hartazgo de tanto incordio infantil.
Y es que la elegancia es un arte que no está reñido con el respeto y la
educación hasta para mostrar enfado o repulsa. Yo aprendía ajugar de masa en un
equipo de rugby allá por los 70.





No hay comentarios:
Publicar un comentario