martes, 2 de junio de 2015

Manca finezza

No sé si reír a carcajada batiente o llorar de risa, dar gracias a los dioses o soltar un exabrupto, rebuznar una cuchufleta o soltar un rugido: Acabo de recibir en 2015 una Notificación de Alteración Catastral justificada en una variación que se produjo en 1974 y por la que ahora el Ayuntamiento se asienta y me descuenta los m2  que se me han cobrado tributariamente de más desde hace… ¡41 años!  Aunque estamos en la Villa bajo patronazgo de la Paciencia, debo decir que en este periodo ha pasado por mi vida: Un cambio de Régimen, 3 Jefes de Estado, 5 Papas, Tropecientos políticos entre Gobiernos, Alcaldes y Concejales (incluyendo los de Urbanismo) y alguna unidad-¿pensante o pasante?  entre técnicos y funcionarios como servidores públicos a los que, como vecino bobito y bebito, estoy indisolublemente unido en la desgracia de ser vecino sujeto-pasivo de esta Villa embobada con los visitantes y madrastra con sus hijos.
En mis 61 años he constatado la incapacidad oficial de hacer algo a derechas sin tener la mano izquierda o sin pisar ni dañar un callo ajeno, ya sea por temeridad de acometer lo que les desborda o porque se les trae al pairo la faena bien hecha cuando de súbditos se trata y solo es el pensat i fet lo que importa.  Diría aquello de que nunca es tarde para arreglar algo pero no dispongo de otros 41 años para ver la solución de alguna otra trapisonda vuestra de las varias que me queda pendiente por ver resueltas en esta vida terrenal. Os emplazo a la vida futura para seguir con ello y un consejo no pedido que me permito daros: Si queréis reconocimiento no sobra añadir a los arreglos-remiendo alguna petición de disculpa porque los pisotones pueden ser casuales y fortuitos pero sin una educada excusa son agresión y motivo de pelea.    Estoy harto de vivir entre tanta chapuza.

¡Gracias chaval! .- Hoy, me aborda por la calle un joven alumno del Instituto para saludarme y decirme que le agradó la charla divulgación de historia local que les di el día anterior por gentileza de su Dirección, al programarme como actividad extraescolar no docente. Aunque quería centrarla sobre el asedio francés de 1811, confieso que me dispersé en generalizaciones sobre las fuentes de investigación histórica de las que saco las noticias para divulgar el pasado histórico de esta localidad. Siempre me queda la desazón de pensar que el “ladrillo” pueda resultar indigerible para unos jóvenes, bien sea por mis limitadas aptitudes, sobrepasar su nivel de estudios dándoles por supuesto que lo van a entender o por el batiburrillo de datos en extenso en que suelo caer bajo el entusiasmo de querer contarles muchas cosas para despertarles la curiosidad por el conocimiento de materias que, en apariencia, no les sirven para ese futuro personal de búsqueda de salida profesional y económica al que parece reducirse todo objetivo deseable en la vida.

Le he agradecido sobremanera su delicadeza en hacerme llegar su impresión y juicio pues le he dicho lo importante que es el feed-back para poder corregir, mejorar o variar, todo trabajo en función del resultado que produce en los demás.  A veces me sonrío de ese discurso de los políticos cuando en su excusa se nos dice “Quizá, no hemos sabido explicar…”. Lo que no le he dicho, y si le agradezco aun más, es lo gratificante que su gesto me resulta personalmente pues le adivino que en su futuro, por dificultoso que sea, no se detendrá en cubrir y conformarse con el peldaño básico más simple de esa pirámide de Maslow donde se nos explica la jerarquía de esas necesidades humanas cuya falta produce la infelicidad general de muchos que no acaban de entender que la vida es algo más que economía y éxito.   

La estupidez de silbar.- Frenopatía y nefropatía  se parecen pero no son la misma enfermedad pues una afecta a la cabeza (debajo de la boina por dentro del hueso y/o cerebro pensante) y otra al riñón. De niño púber pre-adolescente asistí con mi abuelo a un estadio de futbol por primera vez. Llevado del ambiente comencé a increpar al árbitro repitiendo improperios al abrigo de la masa. Mi abuelo con cara de enojo me dijo “no me gusta que seas y actúes así”. Me bastó con ver su mirada  reprobadora y hasta hoy nunca ha hecho falta decírmelo otra vez en ningún sitio ni ocasión por mucho ambiente que me incite a ello. Mis ancestros familiares de sangre me enseñaron a buscar y no perder nunca el auto control de gesto y actos como conducta personal a seguir sin saltarme nunca reglas de comportamiento por calentón o apasionamiento, ya sea en excusa por una euforia o por desgracia ambiental, ni diferenciar las reglas del buen estar, tanto en público como en privado, ya fuera en ambiente de confianza, indiferente u hostil, solo o acompañado. Los agravios y quejas los resuelvo individualmente poniendo la cara por delante y la firma al final del escrito porque me enseñaron a no escudarme en colectivos y gimoteos de todos a una para después implorar que no paguen justos por pecadores si vienen mal dadas las tornas.

Manca finezza nos espetó un político italiano cuando visitaba España y observó cómo nos maltratábamos unos a otros. Algunos traducen por falta finura pero no es solo delicadeza lo que falta sino lo que en el norte de África en español moruno se llamaba “saber manera” y aquí se decía “saber ser, estar y comportarse”, Valores de antaño mamados en la cuna enseñando a manejarse por la vida con Respeto, Elegancia y Señorío,  guardando genio, gesto y figura hasta en la sepultura. No ofende quien quiere sino quien puede aunque siempre que ocurre lo mismo, sucede lo mismo, pareciendo que jugamos como niños a provocar al adulto jardinero con lo de la manga riega que aquí no llega, fiados de que el adulto con su cordura y mesura juegue cómplice a amagar pero no mojarnos en nuestro juego y salir impune haciendo risas: Que una masa cerril y bronca político-futbolera confunda protesta con ofensa cabe entenderlo en su bucle mental por su definición de irracionalidad inherente a lo gregario pero lo insufrible y doliente es que se repita el coro de gañanes encorbatados, que supuestamente pastorean los pastos donde pace el montaraz rebaño silbante, poniendo palos en las ruedas de reacción o prevención de grotescas astracanadas colectivas, que van de abogadillos del diablo siempre aliados con el agresor pidiendo que no se reaccione en caliente, que se analice los motivos de la gamberrada para comprenderla y disculparla, que se les dé paraguas de libertad de expresión como amparo y derecho, que …y que somos ridículos si queremos evitarlo o adoptar cualquier medida disuasoria. Convendría recordar que agotando la paciencia y desquiciando al jardinero sacándolo de sus cabales el manguerazo que se puede recibir no solo es de agua sino de colleja en hartazgo de tanto incordio infantil. Y es que la elegancia es un arte que no está reñido con el respeto y la educación hasta para mostrar enfado o repulsa. Yo aprendía ajugar de masa en un equipo de rugby allá por los 70.

No hay comentarios:

Publicar un comentario