Los yerros del
hormigón.- Si alguien acometiera la historia de nuestro presente debería
colegir que el fracaso de Oropesa como localidad se debe en gran medida a su
Urbanismo o, por mejor decir, su No-Urbanismo practicado de varias décadas a
esta parte. No es cosa de buscar culpas ni culpables pues a fin de cuentas
todos tenemos responsabilidad en el desaguisado: unos por su papel de incondicional
servilón del que manda, otros por su dirección errática y pueril, sin la menor
visión de futuro ni el menor acierto por la cortedad intelectual de todo lo que
se planea y acomete; todos por boba complacencia aldeana hemos llevado las
cosas a donde están ahora mismo. Hierros del hormigonado y yerros de objetivos
comunales que han descoyuntado una localidad al punto de colocarla en una
antología del disparate como mención y síndrome aparte como lugar de desarraigo
y frustración residencial sin salidas laborales.
Omitiré juicio acerca
de la cualidad y calidad del equipo técnico dedicado a esa tarea, llamada “ordenamiento
territorial” de forma sui generis, pues no trata de poner orden sino de “ordeño
y ordeno” el suelo para convertirlo en solares edificables y me abstraeré de
juzgarlo tanto por sus hechos como por el claro desbordamiento y desnorte de
las tareas que se acometen o planean. Llevamos muchos años de errores y
abandonos por el cerril y obstinado empeño de querer construir un destino
turístico en vez de consolidar una ciudad. Nadie tiene una idea clara de futuro
fuera de esperar el maná que caiga del cielo, que solo se basa en la afluencia
de foráneos sobreestimando su influencia económica sin valorar otras fuentes de
producción de riqueza, quizá presionados por un ambiente social enfermizo y
confuso donde se entrevera y confunde lo particular con lo comunal, lo
turístico con lo inmobiliario, el empleo y la ocupación con el monocultivo del
ladrillo y la construcción de edificios como todo posible esfuerzo-tipo de
cultura e infraestructura sin pensar en dotaciones y servicios necesarios y mucho menos a cultivar el verdadero Urbanismo
que no consiste en poner suelo a disposición del mercado inmobiliario bajo la
sandez intelectual de llamarlo desarrollo, ni a asegurarse una trama tributaria
urbana que suministra de dinero inacabable a la manirrota munificencia
electoralista de los políticos, tampoco consiste en diseños a la carta de una
ciudad para especulaciones o ensueños empresariales que apenas conducen a nada
concreto fuera de generar expectativas de negocio gremial inmobiliario bajo el
anzuelo de dar peonadas a la gente.
No se trata de
lamentar el pasado en plan “Menosprecio
de Corte y alabanza de aldea” pues no hay vuelta atrás para recuperar ni
paisaje ni aquel encanto del tipismo de antaño, pero es hora de enderezar mucho
y corregir bastante, no digo ya eliminar
la cochambre de chicles y pegatinas por doquier del callejero o dejar de
confundir el amontonamiento de cachivaches por esquinas y aceras con el
mobiliario urbano; confundir aparcamientos o arcenes con terrazas donde ubicar
mesas y sillas de ocio hostelero cuando no de asumir el fracaso poblacional de un
caserío con callejero anárquico, basado en urbanizaciones dispersas a lo largo
de 13 km lineales, sin barrios definidos, cuya potenciación y especialidad
residencial muestran innegables fracasos como es el casco histórico o poble
antic, desierto habitacional y comercial que no despierta por mucha zona
peatonal que le circunvale en una imposible visita. Mientras se hable de solares edificables y no de barrios, de turistas
y no de residentes, de festejos y no de fuentes económicas de producción, de
peonadas y no de puestos de trabajo o actividad laboral dimanantes de una
sociedad civil robusta esto no saldrá del bucle entre los hombres de Paco y los
hombres de Rafael. Mientras tanto llevamos décadas fundiéndose centenares de
millones de euros sin que nos luzca algo más que las farolas y los faralaes de
eventos, procesiones y pasacalles cuando resulta difícil señalar a un forastero
el camino más recto para ir a alguna parte dentro de este fenómeno urbano de
dos entradas, una sola salida
(véase jeroglífico itinerarios propuestos
por google maps para salir desde la Torre del Rey). 
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