martes, 9 de junio de 2015

yerros de los hierros del urbanismo

Los yerros del hormigón.- Si alguien acometiera la historia de nuestro presente debería colegir que el fracaso de Oropesa como localidad se debe en gran medida a su Urbanismo o, por mejor decir, su No-Urbanismo practicado de varias décadas a esta parte. No es cosa de buscar culpas ni culpables pues a fin de cuentas todos tenemos responsabilidad en el desaguisado: unos por su papel de incondicional servilón del que manda, otros por su dirección errática y pueril, sin la menor visión de futuro ni el menor acierto por la cortedad intelectual de todo lo que se planea y acomete; todos por boba complacencia aldeana hemos llevado las cosas a donde están ahora mismo. Hierros del hormigonado y yerros de objetivos comunales que han descoyuntado una localidad al punto de colocarla en una antología del disparate como mención y síndrome aparte como lugar de desarraigo y frustración residencial sin salidas laborales.
Omitiré juicio acerca de la cualidad y calidad del equipo técnico dedicado a esa tarea, llamada “ordenamiento territorial” de forma sui generis, pues no trata de poner orden sino de “ordeño y ordeno” el suelo para convertirlo en solares edificables y me abstraeré de juzgarlo tanto por sus hechos como por el claro desbordamiento y desnorte de las tareas que se acometen o planean. Llevamos muchos años de errores y abandonos por el cerril y obstinado empeño de querer construir un destino turístico en vez de consolidar una ciudad. Nadie tiene una idea clara de futuro fuera de esperar el maná que caiga del cielo, que solo se basa en la afluencia de foráneos sobreestimando su influencia económica sin valorar otras fuentes de producción de riqueza, quizá presionados por un ambiente social enfermizo y confuso donde se entrevera y confunde lo particular con lo comunal, lo turístico con lo inmobiliario, el empleo y la ocupación con el monocultivo del ladrillo y la construcción de edificios como todo posible esfuerzo-tipo de cultura e infraestructura sin pensar en dotaciones y servicios necesarios y  mucho menos a cultivar el verdadero Urbanismo que no consiste en poner suelo a disposición del mercado inmobiliario bajo la sandez intelectual de llamarlo desarrollo, ni a asegurarse una trama tributaria urbana que suministra de dinero inacabable a la manirrota munificencia electoralista de los políticos, tampoco consiste en diseños a la carta de una ciudad para especulaciones o ensueños empresariales que apenas conducen a nada concreto fuera de generar expectativas de negocio gremial inmobiliario bajo el anzuelo de dar peonadas a la gente.

  No se trata de lamentar el pasado en plan “Menosprecio de Corte y alabanza de aldea” pues no hay vuelta atrás para recuperar ni paisaje ni aquel encanto del tipismo de antaño, pero es hora de enderezar mucho y corregir bastante,  no digo ya eliminar la cochambre de chicles y pegatinas por doquier del callejero o dejar de confundir el amontonamiento de cachivaches por esquinas y aceras con el mobiliario urbano; confundir aparcamientos o arcenes con terrazas donde ubicar mesas y sillas de ocio hostelero cuando no de asumir el fracaso poblacional de un caserío con callejero anárquico, basado en urbanizaciones dispersas a lo largo de 13 km lineales, sin barrios definidos, cuya potenciación y especialidad residencial muestran innegables fracasos como es el casco histórico o poble antic, desierto habitacional y comercial que no despierta por mucha zona peatonal que le circunvale en una imposible visita. Mientras se hable de solares edificables y no de barrios, de turistas y no de residentes, de festejos y no de fuentes económicas de producción, de peonadas y no de puestos de trabajo o actividad laboral dimanantes de una sociedad civil robusta esto no saldrá del bucle entre los hombres de Paco y los hombres de Rafael. Mientras tanto llevamos décadas fundiéndose centenares de millones de euros sin que nos luzca algo más que las farolas y los faralaes de eventos, procesiones y pasacalles cuando resulta difícil señalar a un forastero el camino más recto para ir a alguna parte dentro de este fenómeno urbano de dos entradas, una sola salida
(véase jeroglífico itinerarios propuestos por google maps para salir desde la Torre del Rey). 

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