Como fumador impenitente no comentaré lo restrictivo de
libertades de la legislación anti-tabaco so intento de salvaguarda forzada de
la salud propia y ajena. Años ha que por salvarme el alma se me imponían
conductas prohibitivas de todo tipo y ahora estamos en que por salvarnos el
cuerpo vamos todos de mareo mental (y legal) con broncas por si no te cuidas, que si comes
esto o aquello, que sí resultas caro al sistema sanitario por obeso, dulce
sacarino, colesterol desnivelado, gotoso, cardiópata o hipertenso, etc. etc.
Culpable de tus propios males.- Total: como solo tú
eres culpable de tus males y enfermedades ( Porque no te cuidas, ya que casi
todo ahora es problema de opulencia según el sentir general) pues toma taza
y media en consejos de salud obligatoria, ordenes imperativas para cambio de
estilo de vida, dieta de hambre o sin sabores reconocidos por el paladar,
prohibiciones de conducta y costumbres reforzadas por mandato de ley, sugerencias
imperiosas de hacer ejercicio físico y un largo etc. de obligaciones, que te
son comunicadas siempre bajo mala cara, malos humores, malas palabras, en suma
bajo áspera reconvención personal y reproche familiar o amical, en un colectivo
apestamiento social del enfermo por
sus males.
Alimentos sanos y Bienestar comercial.- Las estanterías en tiendas de alimentación actuales son un
poema para buscar el producto tradicional de siempre. Por aquello de la salud
nutricional, dietética y la operación bikini juntas, uno ya solo encuentra el
travestismo alimentario como producto sucedáneo del tradicional manjar. Desde el
chorizo o salchichón, jamón o morcilla, pero de pavo en vez de lo tradicional,
al ligth- desnatado-semi- bajo en sal- acido omega no-se-que-añadido y calcio-
fibra con no-se-que-ventaja. Hay
cierta histeria en la que ganan la partida los anunciantes, al tocar la fibra
femenina (utilizada como objetivo consumista) por sus sensibilizadas terminales
de ansiar silueta óptima, cuerpo sano, regularidad digestiva y la felicidad de
los tuyos. Y el resto a obedecer por ultracorrección moderna, aceptando que la costumbre alimentaria de
miles de años es herencia recibida
dañina (eramos pobres e incultos sin saberlo por lo visto) y que se le llame cocina mediterránea a un invento actual del que nunca
supimos los que nos criamos por aquí. Por no hablar de las mezclas anti-natura
de frutas tropicales con aromas del bosque y animales de granja vitaminados,
hormonados y pre-curados con antibióticos. Todo un poema sanitario y estético
que nos trae bobos de atar.
Consejos y Consejas.- No hay petulante, que
sin saber freír un huevo ni hacer siquiera un café para invitar, no sepa
aconsejar métodos de salud sin imponer a los demás sus normas y manías, según
ellos demostradas por la ciencia médica, pero nunca te hablan del ruido porque
socialmente nadie piensa en los demás cuando se trata del propio ocio, trabajo
y la molestia que ocasiona la mala convivencia
. No descanso en mi propio domicilio por la constante y continuada agresión sonora, ya sea en fiestas ya sea diariamente por descontrol de gente ineducada y maquinaria zumbando cuando les peta o porque cualquier iluminado organiza negocios sonoros para hacer caja en mis inmediaciones e instalaciones municipales.
. No descanso en mi propio domicilio por la constante y continuada agresión sonora, ya sea en fiestas ya sea diariamente por descontrol de gente ineducada y maquinaria zumbando cuando les peta o porque cualquier iluminado organiza negocios sonoros para hacer caja en mis inmediaciones e instalaciones municipales.
Ruidos naturales y artificiales.- Y es que la cosa va desde el descerebrado
sistema de limpieza urbana basado en poner a fondo sus motores y compresores rompiendo la madrugada y, también, despues desde las 7 de
la mañana (muchas veces no por necesidad
sino quizá porque así se rellena una jornada laboral de 8 horas), se les une en ruidoso ajetreo o trajin laboral a la
maquinaria con pitido marcha atrás reglamentario que descarga camiones, pues esto de trabajar en la vía pública parece ser cosa de poner en marcha motores desde los peluqueros de arboles (antes podadores o jardineros) grúas, taladros, retro volquetes o toritos, radiales, compresores, excavadoras, martillos neumáticos,etc. Incluso tuve por años un camionero que hacia etapa para dormir en su casa dejándome el camión-frigo con el automático puesto saltando por la noche cada hora para conservar la mercancía refrigerada ya que para él yo dormía en su descampado aparcamiento.
Es enternecedor la educada alegría y fuerza sonora con que saludan los cantamañaneros viandantes al cruzarse poco después de cantar el gallo, ¡que de cosas se cuentan bajo mi ventana!; como me conmueve el niño
que juega con su inalámbrico bólido de carreras en la explanada hasta consumir
la bencina, jorobandome la audición de película o el telediario o ese otro que en solitario
onanismo juega a futbol con la pared en hora de siesta; No hay respiro ni suspiro entre una causa de mortificación y la siquiente por aparecer al relevo, pues al
coche que se para bajo el balcón para usar el contenedor de basura y atender el telefonino, sin apagar ni
música ni aire acondicionado, le sigue cualquier cosa que se une el desocupado ocioso que ocupa banco
(Dios te libre de tener mobiliario urbano cerca de tu ventana domiciliar), para hablar entre ellos como si hubiera
interferencia (por teléfono o no). Es como si el paseante estuviera reclinado en la
cabecera de mi cama; después a lo largo del día, el coche de megafonía publicitaria (vaya antigualla de publicidad) que insiste en pasar a menudo para anunciarme
que esa noche además de no poder aparcar tendré fiesta de la espuma al
finalizar las vaquillas nocturnas (mujeres
gratis se dice en el cartel y que cada cual entienda lo que quiera), aderezado todo con charanga a golpe de
tamboril (Pirotecnia no oficial y Paquito chocolatero included en el billete) y así sumando, otra tocada de decibelios para que no haya noche sin evento ni
día sin afán de incordio.
Es enternecedor la educada alegría y fuerza sonora con que saludan los cantamañaneros viandantes al cruzarse poco después de cantar el gallo, ¡que de cosas se cuentan bajo mi ventana!; como me conmueve el niño
que juega con su inalámbrico bólido de carreras en la explanada hasta consumir
la bencina, jorobandome la audición de película o el telediario o ese otro que en solitario
onanismo juega a futbol con la pared en hora de siesta; No hay respiro ni suspiro entre una causa de mortificación y la siquiente por aparecer al relevo, pues al
coche que se para bajo el balcón para usar el contenedor de basura y atender el telefonino, sin apagar ni
música ni aire acondicionado, le sigue cualquier cosa que se une el desocupado ocioso que ocupa banco
(Dios te libre de tener mobiliario urbano cerca de tu ventana domiciliar), para hablar entre ellos como si hubiera
interferencia (por teléfono o no). Es como si el paseante estuviera reclinado en la
cabecera de mi cama; después a lo largo del día, el coche de megafonía publicitaria (vaya antigualla de publicidad) que insiste en pasar a menudo para anunciarme
que esa noche además de no poder aparcar tendré fiesta de la espuma al
finalizar las vaquillas nocturnas (mujeres
gratis se dice en el cartel y que cada cual entienda lo que quiera), aderezado todo con charanga a golpe de
tamboril (Pirotecnia no oficial y Paquito chocolatero included en el billete) y así sumando, otra tocada de decibelios para que no haya noche sin evento ni
día sin afán de incordio.
Es chocante que en esa hiperactividad aparente de la mañana,
el paréntesis del almuerzo laboral sobre las 0930 marque el punto de inflexión
por el que la desaforada actividad mañanera languidece hasta el día siguiente. Cada
vez es más inasumible ver que todos se preocupan por tu salud y además te
desquician y vuelven loco con su intromisión sonora en tu vida. En positivo
diré que aquellos tubos de escape de antaño y disco-autos del anochecer
veraniegos ya parecen ser cosa del pasado, tradiciones kulturales recalcitrantes y tan olvidadas como lo de
tirar los quintos una cabra del campanario que en algunos lugares (no aquí) era mucho
divertido pero hoy ya está mal visto. El tiempo modifica cosas aunque sea
después de muertos.
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