viernes, 10 de agosto de 2012

Sin malos humos pero con malos ruidos: Salud a medias


Como fumador impenitente no comentaré lo restrictivo de libertades de la legislación anti-tabaco so intento de salvaguarda forzada de la salud propia y ajena. Años ha que por salvarme el alma se me imponían conductas prohibitivas de todo tipo y ahora estamos en que por salvarnos el cuerpo vamos todos de mareo  mental (y legal)  con broncas por si no te cuidas, que si comes esto o aquello, que sí resultas caro al sistema sanitario por obeso, dulce sacarino, colesterol desnivelado, gotoso, cardiópata o hipertenso, etc. etc.
     Culpable de tus propios males.- Total: como solo tú eres culpable de tus males y enfermedades ( Porque no te cuidas, ya que casi todo ahora es problema de opulencia según el sentir general) pues toma taza y media en consejos de salud obligatoria, ordenes imperativas para cambio de estilo de vida, dieta de hambre o sin sabores reconocidos por el paladar, prohibiciones de conducta y costumbres reforzadas por mandato de ley, sugerencias imperiosas de hacer ejercicio físico y un largo etc. de obligaciones, que te son comunicadas siempre bajo mala cara, malos humores, malas palabras, en suma bajo áspera reconvención personal y reproche familiar o amical, en un colectivo apestamiento social del enfermo por sus males.
      Alimentos sanos y Bienestar comercial.- Las estanterías en tiendas de alimentación actuales son un poema para buscar el producto tradicional de siempre. Por aquello de la salud nutricional, dietética y la operación bikini juntas, uno ya solo encuentra el travestismo alimentario como producto sucedáneo del tradicional manjar. Desde el chorizo o salchichón, jamón o morcilla, pero de pavo en vez de lo tradicional, al ligth- desnatado-semi- bajo en sal- acido omega no-se-que-añadido  y calcio- fibra con no-se-que-ventaja.  Hay cierta histeria en la que ganan la partida los anunciantes, al tocar la fibra femenina (utilizada como objetivo consumista) por sus sensibilizadas terminales de ansiar silueta óptima, cuerpo sano, regularidad digestiva y la felicidad de los tuyos. Y el resto a obedecer por ultracorrección moderna, aceptando que la costumbre alimentaria de miles de años es herencia recibida dañina (eramos pobres e incultos sin saberlo por lo visto) y que se le llame cocina mediterránea a un invento actual del que nunca supimos los que nos criamos por aquí. Por no hablar de las mezclas anti-natura de frutas tropicales con aromas del bosque y animales de granja vitaminados, hormonados y pre-curados con antibióticos. Todo un poema sanitario y estético que nos trae bobos de atar.
 Consejos y Consejas.- No hay petulante, que sin saber freír un huevo ni hacer siquiera un café para invitar, no sepa aconsejar métodos de salud sin imponer a los demás sus normas y manías, según ellos demostradas por la ciencia médica, pero nunca te hablan del ruido porque socialmente nadie piensa en los demás cuando se trata del propio ocio, trabajo y la molestia que ocasiona la mala convivencia
. No descanso en mi propio domicilio por la constante y continuada agresión sonora, ya sea en fiestas ya sea diariamente por descontrol de gente ineducada y maquinaria zumbando cuando les peta o porque cualquier iluminado organiza negocios sonoros para hacer caja en mis inmediaciones e instalaciones municipales.
  Ruidos naturales y artificiales.- Y es que la cosa va desde el descerebrado sistema de limpieza urbana basado en poner a fondo sus motores y compresores rompiendo la madrugada y, también, despues desde las 7 de la mañana (muchas veces no por necesidad sino quizá porque así se rellena una jornada laboral de 8 horas), se les une en ruidoso ajetreo o trajin laboral a la maquinaria con pitido marcha atrás reglamentario que descarga camiones, pues esto de trabajar en la vía pública parece ser cosa de poner en marcha motores desde los peluqueros de arboles (antes podadores o jardineros) grúas, taladros, retro volquetes o toritos, radiales, compresores, excavadoras, martillos neumáticos,etc. Incluso tuve por años un camionero que hacia etapa para dormir en su casa dejándome el camión-frigo con el automático puesto saltando por la noche cada hora para conservar la mercancía refrigerada ya que para él yo dormía en su descampado aparcamiento.
  Es enternecedor la educada alegría y fuerza sonora con que saludan los cantamañaneros viandantes al cruzarse poco después de cantar el gallo, ¡que de cosas se cuentan bajo mi ventana!; como me conmueve el niño que juega con su inalámbrico bólido de carreras en la explanada hasta consumir la bencina, jorobandome la audición de película o el telediario o ese otro que en solitario onanismo juega a futbol con la pared en hora de siesta; No hay respiro ni suspiro entre una causa de mortificación y la siquiente por aparecer al relevo, pues al coche que se para bajo el balcón para usar el contenedor de basura y atender el telefonino, sin apagar ni música ni aire acondicionado, le sigue cualquier cosa que se une el desocupado ocioso que ocupa banco (Dios te libre de tener mobiliario urbano cerca de tu ventana domiciliar),  para hablar entre ellos como si hubiera interferencia (por teléfono o no). Es como si el paseante estuviera reclinado en la cabecera de mi cama; después a lo largo del día, el coche de megafonía publicitaria (vaya antigualla de publicidad) que insiste en pasar a menudo para anunciarme que esa noche además de no poder aparcar tendré fiesta de la espuma al finalizar las vaquillas nocturnas (mujeres gratis se dice en el cartel y que cada cual entienda lo que quiera), aderezado todo con charanga a golpe de tamboril (Pirotecnia no oficial y Paquito chocolatero included en el billete) y así sumando, otra tocada de decibelios para que no haya noche sin evento ni día sin afán de incordio.
  Es chocante que en esa hiperactividad aparente de la mañana, el paréntesis del almuerzo laboral sobre las 0930 marque el punto de inflexión por el que la desaforada actividad mañanera languidece hasta el día siguiente. Cada vez es más inasumible ver que todos se preocupan por tu salud y además te desquician y vuelven loco con su intromisión sonora en tu vida. En positivo diré que aquellos tubos de escape de antaño y disco-autos del anochecer veraniegos ya parecen ser cosa del pasado, tradiciones kulturales recalcitrantes y tan olvidadas como lo de tirar los quintos una cabra del campanario que en algunos lugares (no aquí) era mucho divertido pero hoy ya está mal visto. El tiempo modifica cosas aunque sea después de muertos.

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