sábado, 25 de abril de 2015

la jaula sin alpiste ni pajaro

Ni Comedia humana ni Divina Comedia: Ópera bufa aldeana

Se dice que en los pueblos nos conocemos todos entre sí y en las elecciones municipales pintan más las personas que las siglas…porque a cada nombre se le pone su biografía de hechos por encima del currículo que presenta, a cada candidato por su trayectoria conocida, más que por su orden de puesto, se le añade el adjetivo de su razón de figurar en la lista de meritocracia ciudadana de la localidad que nos presentan(cosmética por reclamo en guiño electoral para seducir un sector de voto, de relleno para completar listado, de florero para votar si a todo, por su sexo en paridad obligatoria, por su relación o afinidad con el que manda, etc.…) y que no suele incluir a los asesores tapados para aflorar después como cargos no electos. No, no es verdad que nos conozcamos porque cada vez se repite la misma historia y tras décadas de ·”por sus frutos los conoceréis” repetimos de todo, incluso de la abstención que es el gran ganador de siempre por más que luego se llamen mayoría a los que salen nombrados aunque no les vote más que ¼ y mitad del censo electoral que tampoco son todos los que viven en el corral que se pone en juego; se perciben mismos rumbos e idénticos mascarones de proa, apenas cambian las cuadrillas o subalternos de los espadas y de siempre quedan las dudas sobre el papel de testaferro, comisionado servil o capataz de señor ajeno a la Villa por aquello de deber realmente  el cargo a las dependencias o lealtades a la jerarquía de partido cuyo dedo lo pone en lista. 
   El cartel electoral (que no cártel pues con acento el significado se enturbia) es una cara (por faz que no rostro, ya que podría sobreentenderse mal) apenas es algo más que una sigla para muchos que desconocen hasta el nombre de esa anónima imagen personal del pasquín y si de programas e intenciones hablamos, mejor lo dejamos para otra ocasión porque algunos leen del prospecto la letra gorda y solo atienden al “pedid y se os dará” o “gastad que para eso se usa el dinero público” o, quizá, al “dame pan y llámame tonto” mendigando ayudas y migajas del Poder.
Amigos Candidatos: No daros por aludidos ni perdáis tiempo en polemizar conmigo, tomadlo como una reflexión que me viene de una percepción del guiñol muy extendida que conviene saber y atender. Continuará. 

Guiñol Electoral de siempre.-
Se nos vendió la soflama en perorata de que el municipalismo significaba proximidad a la ciudadanía y no puedo evitar la media sonrisa, entre burlona y compasiva, cuando hoy leo en esta aldea nuestra que un concejal actual rehusado para la próxima lista electoral es repescado por el pueblo de al lado para la suya, manifestando que le hace ilusión ser concejal de su pueblo natural (se refiere al de a lado, que no en el que está de concejal  ahora y vive)  descargándose con una declaración del tipo “creo en el proyecto de la alcaldesa del pueblo vecino”; O sea, en puerta giratoria de la política estamos ante un concejal comodín o topo intercambiable, que maneja el concepto Proyecto de forma muy peculiar entendiéndolo como algo salido del cacumen de un cabeza de lista iluminado más que de un sentir colectivo de una población. Ignoro las cualidades o la calidad del personaje. No le prejuzgo porque no las sé ni me importan, tampoco vienen al caso de lo que deseo extraer del relato sobre lo feble de las candidaturas y lo poco fiable del municipalismo que practicaran por todas partes aunque, eso sí, por falta de voluntarismo y buena voluntad no será, el muchacho remata la anécdota con broche afirmando sobre su idoneidad o experiencia que tiene la política “fresca” y puede aportar “trabajo y modernidad”. Al final todo se queda en baile de siglas con etiquetas de caras y nombres arropando un supuesto “proyecto” que nunca se traduce en programas, fuera de vaguedades o generalidades, fundamentadas por lo común en gastar presupuesto sin aflojar la presión de los ingresos sobre el costillar vecinal.

Yo plantearía más que debate de programas un examen de candidatos para denotar su capacidad de gestión y conocimiento de la Administración local, su destreza en manejar presupuestos y dirigir recursos hacia fines concretos, abaratar costes, optimizar funciones y tareas o controlar esa maraña técnico-funcionarial que parece centrar su labor legalista en vapulear ciudadanos más que en servirlos, pero claro es mucho pedir cuando políticos y técnicos son una pared donde rebotan los problemas del común pues aquí se arregla y se opina sobre el mundo mundial y sus apocalipsis  sin rebajarse a entender o atender lo cotidiano, lo vulgar, lo que agobia y complica la vida diaria de un pobre individuo que no ve salida a nada en esta bufonada electoral de siempre.     

Sin alpiste y con la miel lejana.-Se dice que entre bomberos no se suelen pisar la manguera y yo apostillo que tampoco se suelen enchufar varias mangueras al mismo grifo, pero ha poco comía en un afamado restaurante local y le oía al dueño su esperanza en el buen tiempo que comienza a solear para el próximo puente 1º de mayo, con el quejumbroso y fatalista “ojala que no llueva” que es mantra supersticioso de quien confía más en las rogativas que el pronóstico del Meteosat y le tiene más fe reverencial al perejil de san Pancracio que a los estudios de Mercado. Dije que me congratulaba porque le viniera bien el aluvión dominguero madrileño pero la cuestión residía en que deberían dejar de confiar en calendarios foráneos o aeropuertos, dejar de mirar al cielo y empezar a despertar cada día del año haciendo cestos con los mimbres que hay,  pero para eso antes debía analizar algunas “pequeñeces” como que en el tiempo de mi comida no había pasado ni coche ni persona por la calle, que el censo vecinal se diluía entre tanta casa con ventana cerrada y apenas era visible en tiendas, farmacia y bancos  solo por las mañanas; que parecía como si la población acabada la jornada laboral se fuera a vivir a otra localidad y le puse el ejemplo de que, aun con la crisis, el largo centenar de familias de funcionarios debería notarse como un flujo económico  vitamínico del comercio y el consumo de no ser porque en su mayoría no viven donde trabajan.
Resumen: No hay alpiste para tanto jilguero; si de normal hay menos clientes que locales de “puente vacacional” hay más demanda que oferta y para complicar los meandros del querer viene el municipio a crear fastos y eventos con nuevos puestos de venta en caseta ambulante que compiten por el alpiste y no hay bolsillo que pueda abastecer a todo por mucho pájaro que venga a la jaula.           

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