Ni Comedia
humana ni Divina Comedia: Ópera bufa aldeana
Se dice que en los pueblos nos
conocemos todos entre sí y en las elecciones municipales pintan más las
personas que las siglas…porque a cada nombre se le pone su biografía de hechos
por encima del currículo que presenta, a cada candidato por su trayectoria
conocida, más que por su orden de puesto, se le añade el adjetivo de su razón
de figurar en la lista de meritocracia ciudadana de la localidad que nos
presentan(cosmética por reclamo en guiño electoral para
seducir un sector de voto, de relleno para completar listado, de florero para
votar si a todo, por su sexo en paridad obligatoria, por su relación o afinidad
con el que manda, etc.…) y que no suele incluir a los asesores tapados para aflorar después como
cargos no electos. No, no es verdad que nos
conozcamos porque cada vez se repite la misma historia y tras décadas de ·”por sus frutos los conoceréis”
repetimos de todo, incluso de la abstención que es el gran ganador de siempre por
más que luego se llamen mayoría a los que salen nombrados aunque no les vote
más que ¼ y mitad del censo electoral que tampoco son todos los que viven en el
corral que se pone en juego; se perciben mismos rumbos e idénticos mascarones
de proa, apenas cambian las cuadrillas o subalternos de los espadas y de
siempre quedan las dudas sobre el papel de testaferro, comisionado servil o
capataz de señor ajeno a la Villa por aquello de deber realmente el cargo a las dependencias o lealtades a la
jerarquía de partido cuyo dedo lo pone en lista.
El cartel electoral (que no cártel pues con acento el significado se enturbia) es una cara (por faz que no rostro, ya que podría sobreentenderse mal) apenas es algo más que una sigla para muchos que desconocen hasta el nombre de esa anónima imagen personal del pasquín y si de programas e intenciones hablamos, mejor lo dejamos para otra ocasión porque algunos leen del prospecto la letra gorda y solo atienden al “pedid y se os dará” o “gastad que para eso se usa el dinero público” o, quizá, al “dame pan y llámame tonto” mendigando ayudas y migajas del Poder.
Se dice que en los pueblos nos
conocemos todos entre sí y en las elecciones municipales pintan más las
personas que las siglas…porque a cada nombre se le pone su biografía de hechos
por encima del currículo que presenta, a cada candidato por su trayectoria
conocida, más que por su orden de puesto, se le añade el adjetivo de su razón
de figurar en la lista de meritocracia ciudadana de la localidad que nos
presentan(cosmética por reclamo en guiño electoral para
seducir un sector de voto, de relleno para completar listado, de florero para
votar si a todo, por su sexo en paridad obligatoria, por su relación o afinidad
con el que manda, etc.…) y que no suele incluir a los asesores tapados para aflorar después como
cargos no electos. No, no es verdad que nos
conozcamos porque cada vez se repite la misma historia y tras décadas de ·”por sus frutos los conoceréis”
repetimos de todo, incluso de la abstención que es el gran ganador de siempre por
más que luego se llamen mayoría a los que salen nombrados aunque no les vote
más que ¼ y mitad del censo electoral que tampoco son todos los que viven en el
corral que se pone en juego; se perciben mismos rumbos e idénticos mascarones
de proa, apenas cambian las cuadrillas o subalternos de los espadas y de
siempre quedan las dudas sobre el papel de testaferro, comisionado servil o
capataz de señor ajeno a la Villa por aquello de deber realmente el cargo a las dependencias o lealtades a la
jerarquía de partido cuyo dedo lo pone en lista. El cartel electoral (que no cártel pues con acento el significado se enturbia) es una cara (por faz que no rostro, ya que podría sobreentenderse mal) apenas es algo más que una sigla para muchos que desconocen hasta el nombre de esa anónima imagen personal del pasquín y si de programas e intenciones hablamos, mejor lo dejamos para otra ocasión porque algunos leen del prospecto la letra gorda y solo atienden al “pedid y se os dará” o “gastad que para eso se usa el dinero público” o, quizá, al “dame pan y llámame tonto” mendigando ayudas y migajas del Poder.
Amigos Candidatos: No daros por aludidos ni perdáis
tiempo en polemizar conmigo, tomadlo como una reflexión que me viene de una
percepción del guiñol muy extendida que conviene saber y atender.
Continuará.
Se nos vendió la soflama en
perorata de que el municipalismo significaba proximidad a la ciudadanía y no
puedo evitar la media sonrisa, entre burlona y compasiva, cuando hoy leo en
esta aldea nuestra que un concejal actual rehusado para la próxima lista
electoral es repescado por el pueblo de al lado para la suya, manifestando que
le hace ilusión ser concejal de su pueblo natural (se refiere al de a lado, que
no en el que está de concejal ahora y
vive) descargándose con una declaración
del tipo “creo en el proyecto de la alcaldesa del pueblo vecino”; O sea, en
puerta giratoria de la política estamos ante un concejal comodín o topo
intercambiable, que maneja el concepto Proyecto de forma muy peculiar
entendiéndolo como algo salido del cacumen de un cabeza de lista iluminado más
que de un sentir colectivo de una población. Ignoro las cualidades o la calidad
del personaje. No le prejuzgo porque no las sé ni me importan, tampoco vienen
al caso de lo que deseo extraer del relato sobre lo feble de las candidaturas y
lo poco fiable del municipalismo que practicaran por todas partes aunque, eso
sí, por falta de voluntarismo y buena voluntad no será, el muchacho remata la
anécdota con broche afirmando sobre su idoneidad o experiencia que tiene la
política “fresca” y puede aportar “trabajo y modernidad”. Al final todo se
queda en baile de siglas con etiquetas de caras y nombres arropando un supuesto
“proyecto” que nunca se traduce en programas, fuera de vaguedades o
generalidades, fundamentadas por lo común en gastar presupuesto sin aflojar la
presión de los ingresos sobre el costillar vecinal.
Yo plantearía más que debate de programas un examen de candidatos para denotar su capacidad de gestión y conocimiento de la Administración local, su destreza en manejar presupuestos y dirigir recursos hacia fines concretos, abaratar costes, optimizar funciones y tareas o controlar esa maraña técnico-funcionarial que parece centrar su labor legalista en vapulear ciudadanos más que en servirlos, pero claro es mucho pedir cuando políticos y técnicos son una pared donde rebotan los problemas del común pues aquí se arregla y se opina sobre el mundo mundial y sus apocalipsis sin rebajarse a entender o atender lo cotidiano, lo vulgar, lo que agobia y complica la vida diaria de un pobre individuo que no ve salida a nada en esta bufonada electoral de siempre.
Sin alpiste y con la miel lejana.-Se dice que entre bomberos no se suelen pisar la
manguera y yo apostillo que tampoco se suelen enchufar varias mangueras al
mismo grifo, pero ha poco comía en un afamado restaurante local y le oía al
dueño su esperanza en el buen tiempo que comienza a solear para el próximo
puente 1º de mayo, con el quejumbroso y fatalista “ojala que no llueva” que es
mantra supersticioso de quien confía más en las rogativas que el pronóstico del
Meteosat y le tiene más fe reverencial al perejil de san Pancracio que a los
estudios de Mercado. Dije que me congratulaba porque le viniera bien el aluvión
dominguero madrileño pero la cuestión residía en que deberían dejar de confiar
en calendarios foráneos o aeropuertos, dejar de mirar al cielo y empezar a
despertar cada día del año haciendo cestos con los mimbres que hay, pero para eso antes debía analizar algunas
“pequeñeces” como que en el tiempo de mi comida no había pasado ni coche ni
persona por la calle, que el censo vecinal se diluía entre tanta casa con
ventana cerrada y apenas era visible en tiendas, farmacia y bancos solo por las mañanas; que parecía como si la
población acabada la jornada laboral se fuera a vivir a otra localidad y le
puse el ejemplo de que, aun con la crisis, el largo centenar de familias de
funcionarios debería notarse como un flujo económico vitamínico del comercio y el consumo de no ser
porque en su mayoría no viven donde trabajan.
Resumen: No hay alpiste para tanto jilguero; si de normal hay menos
clientes que locales de “puente vacacional” hay más demanda que oferta y para
complicar los meandros del querer viene el municipio a crear fastos y eventos
con nuevos puestos de venta en caseta ambulante que compiten por el alpiste y
no hay bolsillo que pueda abastecer a todo por mucho pájaro que venga a la
jaula.






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