A privatizar las ganancias y socializar las pérdidas.-
Leo un articulo dominical en EL MUNDO titulado: IBI
Urbano: un filón para ayuntamientos… y me gratifica saber que alguien me
confirma el que desde los 80 “los municipios han mantenido un crecimiento
continuo tanto de sus presupuestos como la dimensión de sus aparatos
administrativos, consecuencia de abordar nuevas competencias y un crecimiento
ritmo de inversiones de dudosa utilidad”.
Esto en cuanto a gastos pero en lo que se refiere a
ingresos con el IBI también andan “sobraos” pues se ha maquinado una diabólica trampa
recaudatoria urbana en la que estamos todos pillados. Todos meten cuchara en el
plato tributario con sus tasas e impuestos bajo una ceremonia de la confusión
por la que o bien se nos endeuda o se nos enmaraña la gestión bajo palabras de
inexplicado Remanente o Sobrante cuando no se falsean déficit, maquillándolos o
guardando facturas en cajones y mareando la perdiz de la felicidad que solo se
comen algunos bien arrimados.
Nada que no sepamos los ciudadanos –unos más que
otros- en culo escaldado de propio
bolsillo, aunque yo añadiría algún despiporre más de gastos comunales innecesarios
por populismos electoralistas o superfluos, además de los que se citan como otros
gastos asumidos en pagar competencias indebidas del municipalismo.
Se da por causa de esta manirrota liberalidad
municipal a los cambios permisivos de leyes que se dan carta blanca a sí mismos
para eludir cualquier barrera o limite y abusando del filón suelo inmobiliario
nos han convertido a la gente en unidades tributarias sin otro fin que el
llenar anualmente las arcas municipales en uso de fuentes de recursos tributarios
comunales, basados o condicionados por el exagerado Valor Catastral.
Valor hiper-inflado artificialmente por la engañifa
de equiparación al especulativo Mercado que permite compensar con la burbuja
catastral el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, valor que nadie quiere tocar
porque nadie renuncia a ingresar ni a gastar sin freno por más que nos acogoten
a la sociedad civil que es el verdadero servidor público.
Aunque ¡manda güevos! el autor usa el eufemismo de llamar
Redistribución de Renta al Reparto de la calderilla recaudada entre
subvenciones y servicios “sociales” y habla que pinchada la burbuja
inmobiliaria queda la burbuja catastral para salvar los trastos en la balanza
de ingresos frente a los gastos; su tesis (ingenua) es que limitándose a no
gastar en cosas que no son de su competencia se podría reducir la presión
fiscal del IBI.
No habrá nunca ayuntamientos low cost pero menos
aun si los gestores políticos los ven como una caja sin fondo, una especie de
ONG municipal clientelista u oportunista, para sumar votos al satisfacer las
exigencias o demandas irracionales de muchos votantes que, a veces picaronamente,
aspiran a obtener prestaciones y ayudas por todo y para todo, sin preguntarse a
quien mortifican y gravan cuando muñen la ubre. Ya dijo alguien que el dinero
público no es de nadie y así se mueve el mundo bajo el infantil deseo de
obtenerlo todo a cuenta de otros.
Una cachondada política hace test de candidatos anti-corrupción, yo me conformaría con que pasaran un examen de idoneidad aunque solo fuera para demostrar que saben y entienden de lo que votan y aprueban. .


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