Fin de fiesta.- Agradezco
la atención y la intención de quienes me han felicitado el cumpleaños y,
también, de quienes han tenido la delicadeza de no hacerlo por no recordarme
que el tiempo pasa incluso en este memo valle de la marmota.
Aprovecho
la ocasión para mandar a pastar (por un prado donde ya hayan pasado vacas
digiriendo yerba) a quienes lo han celebrado bajo mi ventana con música hasta
pasadas las 0500h. Dedico un recuerdo a quien me manda después los motores de
las maquinas de limpieza hasta las 9 y deseo que les llegue la luz de la inteligencia
a quienes consienten, programan y se creen que tienen éxito con este
descerebrado proceder a cargo del erario público. Ojalá se les abra el tercer
ojo (¿ojete?) para que el viento de la cordura les sea insuflado. Dicho Sin acritud de parte del heterodoxo
irredento que conocéis pero que mantiene el apretón de manos de 1976.
Hay un sujeto-individuo-espécimen-ente o
energúmeno, que dice ser y llamarse Willy (Guillermín o Guillermito) como
nombre artístico-apodo-alias-mote, o eso de los que se decía en Crónica de
Sucesos: también conocido por otro
nombre (en francés y catalán a todo lo que no sea lo oficial del DNI se
dice Mal Nom); humanoide del que ignoro su origen porque me es indiferente
aunque le presumiría ser de Ohio, dado que allí hay una ciudad llamada Toledo y
solo así se explica ese meter el inglés por delante a lo de Toledo como
apellido paterno.
Profesional de la farándula, el Guille este (no confundir con el hermano de Mafalda) hace tiempo que desbarra con su papelón del
delirio interpretativo que asume como filosofo-personaje politiquillo, ya que parece
que no distingue bien la realidad de la ficción en su cabeza, al punto de que
nos ha lanzado una retahíla de me cago en tal cantidad… que parece la antesala
de las cagaleras de la muerte por deshidratación de tanta hez que destila
cagándose en todo, incluso lo que se menea, que ya es chulería sobre puntería y
ganas de enmerdar todo su alrededor.
No
perdáis tiempo en indignaros con el tipo de esfínter flojo; simplemente
aconsejarle que se cambie los pañales y se ponga Nenuco para airear su mente y
respirar menos hedor por la neurona. Recordarle que el chiste del matón que se
cagaba con todos los del salón menos uno, la gracia estaba en que se lo
reservaba para papel higiénico y que sepa que con las cosas del culo no se
juega, no vaya a caer en manos de algún Vlad el Empalador que, porque no tenga sentido del humor como
para entenderle, le tapone el ano por ayudarle a frenar la diarrea. Hasta para
ofender hay que saber ser artista y no un memo chabacano faltón con
incontinencia verbal.
Arturo y Camelot o El Astuto en su Camelo.-
Un
simple toque de silbato en aviso disuasorio o de intimidación puede bastar para
aguar y mutar cualquier baño de multitudes, en colectiva adhesión
inquebrantable a una causa, dejándola en simple masa desbandada y desbaratando
el escenario más sublime con una asustadiza dispersión de seguidores en fuga, huyendo
de sus propios miedos y fantasmas.
Votar
y Botar no es solo cuestión de distinta ortografía sino de ideas
claras. Votar con los pies es una manera preventiva de evitar que le boten a
uno sin necesitar rebotarse contra una realidad embotada por el cansino juego
de los tontos del bote.
Eso sí, estuvieron muy entretenidos
debatiendo sobre el que solo ellos eran un Pueblo elegido aunque no entendieran
bien el para qué.




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